lunes, noviembre 03, 2014

El Barça de las conducciones


El fútbol es caprichoso. Pero también es exigente. A veces no se conforma con un montón de oportunidades de gol para conceder una victoria y tres puntos. El Barça frente al Real Celta el sábado, pese a merecerlo por ruido y cantidad de ocasiones, se quedó a cero en partido liguero en el Camp Nou tras más de tres años y cincuenta partidos, precisamente el día en que debutaban juntos Suárez, Neymar y Messi. Es irónico, probablemente, injusto pero al mismo tiempo existen motivos para explicarlo y no quedarse en aquello de el balón no quiso entrar.

El equipo azulgrana, quizá cansado de sí mismo, aburrido de tenerse que mirar en el espejo y ofrecer siempre una impecable factura al mundo, pretende ahorrar en el camino. No en el esfuerzo. Tampoco se ha reparado en gastos. Pero desde luego sí en la concepción del juego y en el papel preponderante de los centrocampistas. Los laterales arriba y los delanteros empotrados por dentro a inventar. Insuficiente.

De los tres titulares en el mediocampo, Busquets (ver foto) continúa con su via crucis en solitario por la pradera, y la pareja RakiticRafinha se fajó sin éxito y sin balón. Rafinha lo tuvo algo más, pero siempre en forma de conducción, lo que en mayor o menor medida desconecta al resto y reduce el ritmo. Igualmente conducían los laterales, con menor sentido colectivo aún. También Neymar. Y cuando no era así, la pelota directamente desde los defensores, con el pie poco sutil de Mascherano y Mathieu, hacia los delanteros, que recibían siempre de espaldas. Solo Messi, obligado a retroceder hasta lugares inconcebibles para el mayor depredador goleador del fútbol en décadas, lograba jugar de cara, pero igualmente acarreando demasiado el balón y cada vez con menos alternativas, convirtiendo sus habituales arrancadas en rutinarias. No hay asistencia sin pasador pero tampoco sin desmarque.

La falta de juego de posición, en el Barça actual, y de momento juegue quien juegue, afecta al ataque pero también a la defensa. Ni siquiera cumplido un periodo completo, en el minuto 40 de la primera mitad, una jugada ofensiva mal finalizada dejó a los tres delanteros descolgados. Pero también a Rafinha y Rakitic, quienes pese a que la contra del Real Celta no fue excesivamente rápida, en ningún momento consiguieron intervenir en el repliegue. Esta de interior es una posición muy exigida por Luis Enrique, pero a esas alturas de partido es demasiado pronto para una fractura tan evidente. Como casi siempre, no es, o no solo, cuestión física.

Los mediocampistas del Barcelona se empequeñecen pero no por el tamaño, sino por la ausencia de balón. Luis Enrique proclama en las ruedas de prensa que su equipo quiere el control y dominar el juego, pero sus decisiones no lo confirman. Control de balón pero sin el balón, porque el porcentaje de posesión no asegura precisión en las zonas calientes del terreno rival ni tampoco intención de generar superioridades con él. Las posesiones son más cortas y apresuradas.

La abundancia de rotaciones puede que esté generando competencia interna en la plantilla pero impide cualquier tipo de automatismo. Nada tiene que ver Piqué con Mathieu ni Xavi con Rakitic. El sábado, por primera vez en tres meses, el entrenador dio orden de ensanchar el campo al grito de "¡Abrios!", intentando así evitar la derrota. Solo Pedro intentó de alguna manera el uno contra uno, entre el escepticismo general por la falta de costumbre. El brillo de los tres puntas, sin que sean directamente responsables, está cegando la lucidez del resto.

Fotos: Blog En Un Momento Dado y texto en Ara de Natalia Arroyo

martes, octubre 28, 2014

El Barça de Mascherano

No fue el equipo de Luis Enrique, a medio camino entre la idea inicial de la pretemporada y la lógica influencia que ejerce en un once Xavi cuando es titular. Ni el de Messi. Mucho menos el de Iniesta. Fue el Barça de Mascherano.

Titular como mediocentro en los dos últimos partidos frente a Éibar y Ajax Amsterdam, el argentino empezó en el Bernabéu como central y terminó como salvavidas del equipo y casi única referencia para evitar un naufragio mayor. Respetando y admirando su rendimiento y su profesionalidad, su protagonismo es la peor noticia para un equipo construido y pensado para mejores empresas.

Es recurrente el argumento de que "miren, Guardiola ya no está, aquel equipo y aquel fútbol no volverán". Es difícil saberlo, pero lo que sí es una certeza es que en la plantilla del Barça actual están Piqué, Busquets, Xavi, Iniesta y un tal Leo Messi, todos ellos referentes de aquella manera de jugar y solo uno mayor de treinta años. ¿Que el estado de forma individual de alguno de los citados está lejos del ideal? Muy probable. Pero si todos ellos son titulares en un partido en el Bernabéu, es arriesgado juzgarles como a uno solo y de repente asumir que sufren una vejez súbitamente sobrevenida, o deducir que el entrenador se ha equivocado en más de la mitad de la alineación. Entrenador quien hoy, por cierto, afirmó con rotundidad que "en Madrid no hubo ningún problema de actitud, estoy encantado con los jugadores", "el equipo estuvo bien, más que bien físicamente" o "Busquets está al cien por cien".  Debemos buscar más razones. Un lustro llevan defendiendo el sector diestro en el campo del Madrid Piqué, Alves y Xavi, y nunca fueron tan desbordados como en este partido.

Como sucedió en París, esta temporada en los duelos más serios el equipo mantiene la unidad, el avance con balón y la presión durante muy pocos minutos continuados. Las posesiones suelen terminar lejos de la portería rival, cuesta recuperar el balón, los delanteros se quedan, los mediocampistas se difuminan y los defensas se vencen. Con un fácil pase de dos centrales no precisamente muy dotados para ello, el Madrid superaba el sábado la delantera azulgrana. Con una conducción, todo el mediocampo. Con una aceleración en el lugar en que en teoría suceden menos espacios, la banda, Marcelo o Carvajal ganaban la línea de fondo.

Resulta difícil explicar desde un aspecto anímico, con el liderato en la Liga, cuatro puntos de ventaja y cero goles en contra, sin urgencias en el mes de octubre, con nuevo y se supone que estimulante entrenador, un desplome tan rápido y una cantidad de errores tan significativa: más de cuarenta balones perdidos y solo dos faltas en la segunda parte (y las dos de Suárez).

Una de las peores conclusiones para el Barça de la derrota de ayer es que, durante buena parte del primer tiempo, logró juntarse alrededor del balón, obtener superioridades por dentro y conseguir que Messi recibiera de cara y con espacio para maniobrar. Logró un buen gol y tuvo otras dos oportunidades clarísimas con 0-1, pero a la que el Madrid volcó el juego por las bandas, el equipo evidenció su tibieza y las dudas en el camino que pretende tomar.

El fútbol puede ser un estado de ánimo pero las razones a largo plazo son futbolísticas. Si Luis Enrique concede tan capital importancia a Mascherano, no resultará extraño que, tras otro mal resultado, este debate que bien describe Rafa León termine por generalizarse. Desde luego, la planificación deportiva y los fichajes de los dos últimos años van en esa dirección, por mucho que el XI del Bernabéu pueda llevar a engaño. Los delanteros ya no pisan la línea de cal. Quedan empotrados por dentro contra las defensas ajenas con intención de potenciar su talento y de conectar con Messi. Pero ya no participan en el juego y a la que la jugada no sale, quedan desconectados y aislados. Aquel trabajo de Eto'o, Villa, Pedro o incluso Henry de fijar posición cuando tocaba, diagonal a la siguiente, ha desparecido. La pegada, la pólvora, los tridentes mediáticos y sus acrónimos de tres en tres siglas. Y lo han notado los centrocampistas, otrora santo y seña de este equipo, ahora convertidos en náufragos ante mar abierto como Busquets (de los mejores en la primera parte de Madrid, por cierto) o en improbables cierres ante un córner a favor como Iniesta. Volver a invocar el juego de posición ante las dudas puede ser considerado hoy día como un ejercicio poco realista de nostalgia. Quizá sea mejor verlo como un sugerente reto pensando en lo que podría encontrarse, por ejemplo, Sergi Samper. El hecho diferencial construido por el Barça durante tanto tiempo merece una oportunidad. La normalidad es la excusa de la mediocridad generalizada.

lunes, octubre 20, 2014

Un Barça (im)previsible



"Queremos ser imprevisibles"; así se expresaba Luis Enrique en una rueda de prensa a mediados de julio, con el equipo iniciando la pretemporada, y también antes de recibir al Granada CF hace un par de semanas. De momento, la realidad es que ese rasgo inesperado del conjunto azulgrana solo aparece cuando se trata de saber la alineación que toca cada día.

El nuevo entrenador ha empezado a construir no ya por los cimientos, sino por el tipo de cemento y cómo se mezclará antes de la obra. Asegurar el compromiso, la competencia, el esfuerzo y la presión antes de nada. Antes del juego, incluso. Mathieu, Rakitic, los laterales como principales protagonistas de estos primeros dos meses de competición.  La intención de atacar con predominio del balón permanece, pero del juego de posición como concepto estratégico para la ofensiva, queda muy poco por no decir nada.

Los goles en las segundas partes no parecen consecuencia de un desgaste del rival a base de hacerlo correr tras el balón, sino más bien fruto de la concentración sumada al talento individual. El frenético ida/vuelta en que acabó convertido el partido de París tampoco suena a casualidad. El equipo mastica los encuentros, posesión incluida, pero la ejecución es reiterativa. No es necesario invocar aquello del plan B ni de las variantes, sino la certeza de que ante rivales cerrados y con poco que perder, son necesarios automatismos en el ataque posicional para que la inspiración del futbolista se encargue del resto.

Básicamente, el Barça ha jugado estos dos meses intentando combinar al borde del área rival o buscando aprovechar las bandas, libres, mediante centros innumerables (no solo de Alves). En general, con poco éxito, asumida la inherente dificultad de querer entrar por el centro siempre ante dos centrales y dos mediocentros y, por fuera, dado que los delanteros no están acostumbrados a atacar esos balones aéreos como arietes, sino llegando desde atrás y en ventaja, aquello de la segunda línea. En realidad, a los laterales les ocurre algo parecido. Siempre están, a menudo los dos al mismo tiempo, no irrumpen, y han de centrar para que la jugada no muera porque todo el mundo ya está en el área, es difícil volver a empezar. Alves y Adriano son más capaces de combinar con el resto como centrocampistas que Montoya o Alba, pero a día de hoy ninguno genera un desequilibrio tan positivo que compense el sacrificio de los interiores vigilando sus espaldas, la perpetua tensión con la que vive Busquets, desmejorado y seguramente no por culpa propia, o que la figura del extremo, un tipo que pise la cal y regatee, haya desaparecido por completo (a tener en cuenta actuaciones recientes de Deulofeu en Sevilla y Adama en el filial, qué hacer con ellos). Sumando todos los minutos de la posición de lateral derecho e izquierdo, en ocho partidos de Liga, solo dos asistencias de gol: una de Alves (ayer) y otra de Alba. Muy poco.

El Barça era el equipo de los centrocampistas, pero eso ya no está tan claro. Iniesta, también desfavorecido por el modus operandi actual, está obligado a encontrar el pase definitivo casi de inmediato, porque casi nadie juega paralelo a él y ya no da continuidad al juego ni genera espacios. Los interiores están muy separados uno del otro, muy lejos. No hay tiempo. Todo va demasiado rápido e impreciso. Quizá por eso, la figura de Xavi se ha acentuado en los últimos partidos. Contra todo tópico, Xavi por ejemplo fue el jugador con más kilómetros recorridos vs Granada CF. Posiblemente en su mejor forma de los últimos 18 meses, el '6' interpreta el juego mejor que nadie, y fue capaz de llegar al área frente a la SD Eibar con frecuencia, como en el primer gol, aportando lo que el equipo necesitaba: desmarques contra la superpoblación, de toda la vida. Neymar, por el contrario, aún valorando su valentía, su capacidad de intentar el uno contra uno y su finalmente reencontrado acierto frente al gol, nunca devuelve el balón de primeras cuando ocupa posiciones más alejadas de área; control, amago, toque, todo inútil con el resto del equipo esperando. El poco ritmo de velocidad de balón que ya de por sí tiene el equipo, queda cortocircuitado cada vez que el brasileño interviene por esas zonas.

Hace poco más de un año, pese a un 4-0 final, el joven Ajax de Frank De Boer evidenció la confusión del Barça de Martino, exhibiendo unas intenciones futbolísticas más solidas que las de los blaugrana. Regresan mañana al Camp Nou. La desorientación ha desaparecido, pero las soluciones tácticas tampoco sobran. Si el Barça no evoluciona, corre el riesgo de llegar al gol únicamente tras robos o fallos del rival como consecuencia de la presión, o gracias a sus delanteros, sobre todo Messi. Lo primero ya sabemos que es evitable en gran medida si el rival pega un balón largo. Lo segundo, la ecuación Messi más su creciente compenetración con Neymar Jr más Suárez llegando, no tanto. Pero para eso no son necesarios grandes alardes tácticos, hace años que el Real Madrid, por ejemplo, lo demuestra.

sábado, junio 14, 2014

No fueron once contra once


La selección española aterrizó en el Mundial con las mismas intenciones que en los últimos grandes torneos, que por cierto, ganó. 4-2-3-1 flexible, posesión defensiva cuando fuera necesaria, movilidad, juego de cara, último pase. La presencia de Costa en lugar de otro delantero o de Fàbregas como mayor novedad. Mientras la propaganda se contentaba con hablar de oídas e identificar de forma automática cinco defensas con juego conservador, van Gaal preparaba una encerrona táctica de nivel manual bélico.

No se trataba de disponer tres centrales bien cerquita del área propia y del portero, con laterales disimulando hacia la línea divisoria y retrocediendo raudos ante el mínimo indicio de riesgo. No. Van Gaal envió, atención, dos defensores del Feyenoord y uno del Aston Villa a reducir la capacidad y el tiempo de pensamiento a los centrocampistas españoles, empujándolos contra su propio terreno, desubicando además a Costa. Así, De Jong y De Guzmán más cerca de Busquets, martirizándolo. Mientras, van Persie y Robben capaces de mantener ocupados a los cuatro defensas de España. El desequilibrio estaba listo, solo había que contar efectivos de un equipo y otro. No fueron once contra once.



Sin embargo, Iniesta, Silva y Xavi, acostumbrados a vivir en espacios microtemporales, fueron capaces de encontrar una vez más su lugar en el mundo y jugar de frente, con balón y con campo de visión, imaginándose el premio a las espaldas de la línea holandesa. Primero Xavi con Costa y luego Iniesta con Silva. Un penalty que no fue y una gran oportunidad del canario que se quedó en nada, aportaban un saldo de 1-0 cuando terminaba la primera parte. Países Bajos había arriesgado, apuesta valiente y heterodoxa, pero no había sido suficiente. ¿No?

Hablábamos de cinco defensas. Los laterales. Sobre todo Blind, por la izquierda. Con la línea tan adelantada, les resultó mucho más fácil abarcar campo que si partieran desde su área. El juego líquido de los mediapuntas españoles no contempla perseguir defensas ajenos. Normalmente no es necesario. Pero Blind vivió libre y aprovechó su buena pierna izquierda. Desatendido por Silva, flotado por Azpilicueta que dudaba entre ir sabiendo lo que dejaba o quedarse. Piqué no esperaba el centro ni tiró la línea. Ramos no corrigió a tiempo, superado con claridad. Casillas a media salida.1-1.


Los defectos defensivos del empate se repetirían durante toda la segunda parte. Absoluta descoordinación entre los centrales, como si fuera su primer partido juntos, lejos uno del otro, débil al afrontar los uno contra uno Piqué, deficiente en la lectura del juego cuando no es a balón parado Ramos. Pero la debacle tuvo más razones. Se pueden intentar buscar o se puede hablar de "cambio generacional" y así ahorrarse el resto y pasar a otra cosa.

Los cambios de Del Bosque no sirvieron para mucho pero tampoco fueron culpables de lo que vino a continuación. El 1-3 es un minuto después y el cuarto solo tiene que ver con Casillas, no con el juego. Lo que sí tiene que ver es que España perdió ¡75 balones! en el partido, muchos de ellos en la peor fase de la segunda mitad. Precipitación. Alonso errático en el pase (once pérdidas), Busquets sin influencia. Los pases de Sneijder y las carreras de Robben no tenían éxito por ausencia de mediocentros defensivos, sino por los numerables balones perdidos. Atacar mal, defender mal, ¿nos acordamos o ya no?

El resultado es preocupante, desde luego. Por el futuro en el torneo y ese triple empate en ciernes. Por la derrota táctica y el abuso del balón largo, como señaló después Del Bosque. Pero sobre todo por la percepción de fragilidad del equipo. Muy pocos jugadores confirmando sus capacidades y casi todos evidenciando sus flaquezas. ¿Todos están acabados? Robben jugó desatado como si llevara esperando este día durante cuatro años y se reivindicó imaginando que Pete Townshend le cedía la guitarra en My Generation. Morir antes que envejecer.  

viernes, junio 13, 2014

Sospechar mucho, saber poco


Los viajes son estresantes. Ya sean por motivos de ocio o profesionales, para alguien que vive a un par de berrinches de abandonarse a un trastorno obsesivo-compulsivo, es imprescindible documentarse un poco antes de coger un avión. Yo lo hice antes de volar a Sao Paulo, el año pasado. Y aparte de las precauciones de seguridad, era bastante fácil averiguar que el tráfico en la ciudad es imposible y que los desplazamientos desde el aeropuerto internacional Governador André Franco Montoro, el más conocido como Guarulhos, requieren de paciencia por arrobas y, concretando, de un par de horas disponibles.

Por eso me han resultado tan sorprendentes las reacciones de muchos enviados especiales al Mundial al comprobarlo. Al filo de la noticia. Si ya lo era, imaginen en vísperas del campeonato y del debut de la selección anfitriona. Llegó el día y Croacia no apostó por llevar la congestión al estilo de las autopistas paulistas al césped. Tampoco por utilizar los gases lacrimógenos o las (ojalá futbolísticas) pelotas de goma con las que la Tropa de Choque de la Policía Militarizada dispersó casi antes de su comienzo el intento de manifestación que se dirigía hacia el Arena Corinthians.

Dos periodistas de CNN fueron agraciadas con la sutileza policial y heridas mientras cubrían la protesta. Seguramente ellas sí sabían que algo iba a pasar y conocían el riesgo. Scolari en cambio apenas acertó a prever que Dani Alves ha perdido el timing cuando sube la banda y que el sentido común del trío Kovacic, Modric y Rakitic pondría en dificultades a su ¿férrea? estructura de mediocampo.

No parece que de fútbol, pero como de motivación sí van sobrados, el orgullo local y la habilidad de Neymar Jr. para descolgarse de Hulk y ocupar el espacio entre pivotes y centrales croatas bastaron a Brasil para remontar. A falta de más continuidad de Oscar, es lo mejor que tienen, de largo, mientras la gente se pregunta en qué otras épocas de la selección hubieran podido ser titulares Hulk o Fred. ¿El árbitro? Eso sí que lo sabía todo el mundo antes de llegar a Sao Paulo, ¿verdad? Al próximo partido habrá que anticiparse e informar al aficionado sobre cómo ocurrirá el robo arbitral para poder estar más atentos. Igual simplemente fue cosa de Dios, al menos es a quien pareció señalar Fred. Hace un par de meses el jugador fue zarandeado en su vehículo al salir de un entrenamiento del Fluminense, su equipo, en Laranjeiras, Río de Janeiro, por los malos resultados. El jugador dijo que nunca más iba a dedicar un gol a los ultras. Mejor a Dios, que mientras va con nosotros no va con el rival.
   

domingo, mayo 18, 2014

Siempre es peor al día siguiente


En el último mes de competición, desde primeros de abril, cuando se despachan los títulos y se aprecia el valor del entrenamiento de todo un curso, el Barça perdió los cuartos de final de la Champions League y la final de la Copa del Rey. Además, terminó la Liga, los últimos seis partidos, con derrota en Granada, victorias agónicas ante Ahtletic y Villarreal y los tres definitivos y consecutivos empates, el último concediendo el título para el Atlético.

Anoche, minutos más tarde de que el presidente Bartomeu anunciara decisiones para "los próximos días", Martino se bajaba públicamente del barco arrebatado por la emoción pero sobre todo por las prisas, en el banquillo hacía semanas que apenas sin ejercer, mareado por una corriente que nunca pudo dirigir ni controlar. Reconociendo incluso que no participaba en las reuniones de planificación de la próxima temporada "sencillamente porque no existen". Tanto claudicó y desde tan pronto, que en la rueda de prensa previa al partido de ayer, Martino reconocía que el famoso 0-4 contra el Rayo, el de la pérdida del porcentaje de posesión de balón, fue mucho peor que otros partidos que no terminaron con victoria; aquella noche de septiembre dijo que "el debate me parece normal, sobre todo si el entrenador no es catalán ni holandés". En septiembre, no hoy con todo perdido sino en septiembre, Martino parecía ya con pocas ganas de afrontar el debate ni las alternativas a la propuesta anterior para las que se supone le ficharon. Nunca se trató de la posesión, mucho menos de la nacionalidad. Jamás el Camp Nou necesitó el recuento de minutos para valorar y disfrutar a su equipo. De hecho, algunas de las jugadas más aplaudidas año tras año no terminan en gol ni en nada. O cómo identificó con claridad, solo cuatro días antes de lo de Vallecas, aquello que tan bien se hacía en el pasado, pero esta vez en botas de unos ingenuos jugadores del Ajax que perdieron 4-0. 


Pese a todo ello, a primeros de marzo, Bartomeu declaraba en la cadena SER que esperaba que el entrenador para la próxima temporada fuera Martino, y en Esport3 sus deseos de ampliarle el contrato hasta 2016. Llegado el momento, anoche, ni siquiera fue él quien confirmó lo evidente. 


Los resultados. El juego. Ni siquiera el estilo. Nada se puede exigir a quienes dirigen un club de fútbol. Pero sí la coherencia. Porque en el caso del FC Barcelona, eso supone respetar la herencia, la recibida y la gestada, y también porque suele venir acompañada del estilo, que a su vez desemboca en el juego, que ayuda a la obtención del marcador. 
Pero la coherencia en el Barça se ramifica en un árbol de toma de decisiones que hoy día apenas ofrece sombra ni comodidad al vestuario. 

La Junta Directiva, ¿está convencida de mantener esta manera de jugar, basada en el juego de posición, o no? ¿Tomarán las decisiones en base a ella?

Los fichajes, ¿serán propuestos por la Dirección Deportiva, con Zubizarreta a la cabeza? El pasado verano, el fichaje fue Neymar (cuya historia ya es sabido cómo comenzó y se teme por cómo continuará), obsesión presidencial. Lo mismo que el entrenador, que a su vez confió en Puyol como refuerzo. "A este equipo le entrena cualquiera", dicen que se oía por el club hace tiempo. Ni Rosell ni Martino siguen en el club. Zubizarreta apostaba por Ernesto Valverde, por segundo año consecutivo sin éxito. ¿Luis Enrique participará en la elección de los nuevos futbolistas? ¿Las bajas, que el presidente ya deslizó anoche conocían los interesados?
Si el gasto que se afronta es elevado, ¿qué ocurre si la actual directiva apenas consigue alcanzar el fin de su mandato, dos años?
El filial. Samper, Adama, Munir, , Suárez, Dongou. ¿El modelo les dará oportunidades? Esta temporada que termina, 72 minutos

La 2013/2014 no ha resultado una temporada de transición. Ojalá. El equipo ha involucionado. Ni juego en largo, ni más verticalidad, ni las rotaciones. Nada sirvió para evolucionar ni competir. Es peor ahora que hace un año. El carácter, el pit i collons. Necesarios y sobradamente demostrados por esta plantilla en el último lustro. La disciplina, imprescindible y asegurada por la mayoría. Pero, de nuevo, todo ello va enlazado. Sí, con el juego. El fútbol. Salida de balón, defensas en la divisoria, mediocampistas, juego de posición, delanteros que abren el campo, Messi. La cohesión de once jugadores que fortalecía al club. Lo poco que quedaba se ha terminado marchitando. Messi, señalado por muchos, pitado ayer por alguno, ninguneado por la Directiva, aparece en el campo igualmente rodeado. De tanto pensar en el plan B el equipo terminó olvidando el plan A. Iniesta y Fábregas conectando cada vez menos con él. Xavi en el banquillo. Busquets sobrepasado ante el océano de distancia entre líneas. Los puntas lejos de facilitarle el espacio. ¿Neymar? 9 goles y preocupado por sus números individuales mientras vuela a Brasil.


El día en que te juegas la Liga, al séptimo córner, apenas en el minuto 50, ni un solo jugador del Barça salta en defensa mientras Godín empata el partido. Solo tímidamente Mascherano, encerrado entre rojiblancos y sin opción. Toda una metáfora de los tiempos en azulgrana. Sosteniendo al equipo cerca del 1-2, ya irreconocible, el argentino también habló después, en Barça TV. "Lo normal en la vida es perder". Hasta los números de la última década desmienten esa afirmación, pero ni siquiera es lo más importante. Como bien ha experimentado este equipo durante los últimos años, es mucho más difícil proponer que destruir. Ahora toca construir sin apenas red y con los primeros capítulos del libreto emborronados (cuando no definitivamente arrancados de cuajo). El futuro es más preocupante que el presente. Y ya es decir.


(Foto: fcbarcelona.cat)


jueves, agosto 29, 2013

El peso de Martino




Confiado. Contento. Respetuoso con el estilo y con la herencia recibida. Así se había mostrado Gerardo Martino en las ruedas de prensa celebradas durante los cuarenta días que lleva ejerciendo como entrenador del FC Barcelona. Convencido de mantener las virtudes ofrecidas por el equipo en el último lustro y empeñado en recuperar los ingredientes de la poción mágica, comenzando por la presión adelantada.

Sin embargo, Martino confesó anoche que, en primer lugar, es un entrenador de fútbol; honesto e inteligente, pero convencional al fin y al cabo. «Lo más importante de este mes de trabajo era ganar la Supercopa. No es el título más relevante pero soy un entrenador nuevo aquí y no era lo mismo ganar que no ganar. Me saqué un peso de encima».  

Quién puede culparle de esa ambición, de aportar la guarnición de un título a su carta de presentación. Y menos aún negarle el tiempo mínimo. Pero llamó la atención su liberación ante los micrófonos y su llamada a la paciencia: «A veces al inicio de una nueva etapa los equipos necesitan volver a hacerse fuertes a través de los resultados».

Es una lección dura de aprender, pero en el Barça los resultados, como el juego, son condiciones necesarias pero no suficientes. La pasada temporada se ganó el título con 100 puntos y la semifinal europea contra el Bayern Munich cubrió el curso de dudas y desencanto. Anoche mismo el partido dejó más sombras que brillantez, pese a levantar el trofeo, oscurecido entre patadas, juego deslucido, protestas y melancolía restando las paradas de Víctor Valdés.

Preguntado por la (ausencia de) conexión entre Messi y Neymar, Martino comenzó por señalar la distancia entre ambos que impedía mayor frecuencia de asociación para terminar invocando el avance del calendario que permita sumar entrenamientos, jugadores, rendimiento y complicidades. También la condición física, cuya preparación el entrenador argentino atribuyó principalmente a los partidos y no a los entrenos por falta de tiempo, resultó señalada en la lista de pendientes, junto con la velocidad, la precisión, el ataque de los jugadores invadiendo los espacios y el movimiento que dificulte la toma de referencias a las defensas rivales.  

«Cuando hay un título en juego lo que cuenta es ganarlo, aunque pretendemos más, seguir insistiendo en trabajar este tipo de partidos». Martino reconoció la poca cantidad de oportunidades de gol del equipo en relación con el tiempo de posesión de balón, y la mejora necesaria en la velocidad de la circulación y profundidad. Pero de nuevo, el tema estrella fue el balón largo y la presión:

«Por momentos son necesarios pases largos para filtrar la pelota por el medio, a la espalda de los centrocampistas del rival, pero esos lugares los encontramos en los últimos minutos de los partidos, con la merma física del adversario». Una cosa llevó a la otra. Balón largo propio y balón largo ajeno. «Tendremos pocas oportunidades durante el año de realizar esa presión alta; estaba convencido de que teníamos que recuperar esa presión arriba pero atendiendo a los rivales y cómo nos van jugando también debemos preocuparnos de dividir y de cómo afrontar la segunda jugada, tras saques del portero o de los centrales»

La parte buena, que Martino se ha dado cuenta muy rápido, antes de septiembre, de que eso de la presión no es tan sencillo. Que depende del juego de su equipo pero que también hay un contrario que interviene en la ecuación. La parte mala, que las incógnitas a despejar ni son pocas ni sencillas.
 «Salvo un rato contra el Levante los equipos no salen jugando desde abajo, y cuando vamos al campo rival nos sentimos más cómodos que retrocediendo».

El Tata corre el riesgo de tomar la presión como su piedra filosofal pero olvidando sus causas y sus efectos. El juego de posición, continuado, paciente pero pujante, genera fútbol hasta cuando es interrumpido por el rival. Cruyff le decía a Guardiola hace veinte años que si recibía patadas o golpes era culpa suya, por no soltar el balón antes. El exceso de faltas con el que el Atlético de Simeone interrumpió el juego azulgrana se benefició del poco ritmo y del fallo en los pases, con un césped del Camp Nou convertido en playa un verano más. Pero cuando la fluidez en la circulación de balón se impone, para el rival ni siquiera es tan sencilla la decisión de jugar en largo, porque no construye, a la manera que sea, sino que solo se defiende. No es lo mismo un despeje a ciegas que un balón en profundidad con sentido.   

«Nos tenemos que acomodar a jugar partidos diferentes: si el rival decide dividir la pelota y jugar en largo no hay más remedio que retroceder y buscar la segunda jugada. Si resolvemos eso, si nos hacemos fuertes ganando esa segunda pelota en la mitad de la cancha y a partir de ahí recuperarla y empezar a jugar, vamos también a reconocer otra forma de jugar los partidos».  

Si de luchar balones divididos se trata, poco sentido tiene que Xavi juegue casi completos los cuatro partidos que llevamos de curso, o la presencia de Iniesta. Ni siquiera Busquets, impecable en posición y corte...por bajo, claro. No se trata de eso. No se trata de disputar el balón largo, se trata de evitar que se dé y minimizar sus efectos. 

«Buscamos que el Barça recupere las distintas formas de jugar en estos últimos 5 años: dinámico, profundo, resolver las distintas propuestas de los rivales. Igualar intensidad para tener opciones ante rivales como Atlético». El equipo evolucionó desde 2008 a 2011. Guardiola y Vilanova introdujeron variantes y alternativas, esas que ahora busca Martino, pero la forma de jugar solo fue una. Eso sí, la intensidad es imprescindible. Estuvo y dejó de estar, eso bien lo percibió Martino o de forma sincera se lo contaron. 

«Olvidemos Málaga y Atlético, pensemos en lo que ocurriò vs BayernMandžukić aguantando balones de espaldas para los volantes de frente mientras los nuestros retrocedían. No hay forma de cambiar ese sistema si el rival lo quiere hacer, debemos prepararnos para que no nos cause problemas, aunque los partidos los ganaremos con las formas de siempre». Nunca este Barça podrá contrarrestar a sus grandes rivales europeos en base al físico. Siempre deberá obligarles a bajar su centro de gravedad. Ya lo dijo el propio Martino en Málaga, presionar a 15 de altura es difícil...

El equipo sigue en el mismo punto que en la pasada primavera, pese a las apariencias y a las buenas intenciones, mejor expresadas que practicadas. El cuestionario sigue abierto. Hay tiempo, veremos si también lucidez. 

 
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