sábado, junio 14, 2014

No fueron once contra once


La selección española aterrizó en el Mundial con las mismas intenciones que en los últimos grandes torneos, que por cierto, ganó. 4-2-3-1 flexible, posesión defensiva cuando fuera necesaria, movilidad, juego de cara, último pase. La presencia de Costa en lugar de otro delantero o de Fàbregas como mayor novedad. Mientras la propaganda se contentaba con hablar de oídas e identificar de forma automática cinco defensas con juego conservador, van Gaal preparaba una encerrona táctica de nivel manual bélico.

No se trataba de disponer tres centrales bien cerquita del área propia y del portero, con laterales disimulando hacia la línea divisoria y retrocediendo raudos ante el mínimo indicio de riesgo. No. Van Gaal envió, atención, dos defensores del Feyenoord y uno del Aston Villa a reducir la capacidad y el tiempo de pensamiento a los centrocampistas españoles, empujándolos contra su propio terreno, desubicando además a Costa. Así, De Jong y De Guzmán más cerca de Busquets, martirizándolo. Mientras, van Persie y Robben capaces de mantener ocupados a los cuatro defensas de España. El desequilibrio estaba listo, solo había que contar efectivos de un equipo y otro. No fueron once contra once.



Sin embargo, Iniesta, Silva y Xavi, acostumbrados a vivir en espacios microtemporales, fueron capaces de encontrar una vez más su lugar en el mundo y jugar de frente, con balón y con campo de visión, imaginándose el premio a las espaldas de la línea holandesa. Primero Xavi con Costa y luego Iniesta con Silva. Un penalty que no fue y una gran oportunidad del canario que se quedó en nada, aportaban un saldo de 1-0 cuando terminaba la primera parte. Países Bajos había arriesgado, apuesta valiente y heterodoxa, pero no había sido suficiente. ¿No?

Hablábamos de cinco defensas. Los laterales. Sobre todo Blind, por la izquierda. Con la línea tan adelantada, les resultó mucho más fácil abarcar campo que si partieran desde su área. El juego líquido de los mediapuntas españoles no contempla perseguir defensas ajenos. Normalmente no es necesario. Pero Blind vivió libre y aprovechó su buena pierna izquierda. Desatendido por Silva, flotado por Azpilicueta que dudaba entre ir sabiendo lo que dejaba o quedarse. Piqué no esperaba el centro ni tiró la línea. Ramos no corrigió a tiempo, superado con claridad. Casillas a media salida.1-1.


Los defectos defensivos del empate se repetirían durante toda la segunda parte. Absoluta descoordinación entre los centrales, como si fuera su primer partido juntos, lejos uno del otro, débil al afrontar los uno contra uno Piqué, deficiente en la lectura del juego cuando no es a balón parado Ramos. Pero la debacle tuvo más razones. Se pueden intentar buscar o se puede hablar de "cambio generacional" y así ahorrarse el resto y pasar a otra cosa.

Los cambios de Del Bosque no sirvieron para mucho pero tampoco fueron culpables de lo que vino a continuación. El 1-3 es un minuto después y el cuarto solo tiene que ver con Casillas, no con el juego. Lo que sí tiene que ver es que España perdió ¡75 balones! en el partido, muchos de ellos en la peor fase de la segunda mitad. Precipitación. Alonso errático en el pase (once pérdidas), Busquets sin influencia. Los pases de Sneijder y las carreras de Robben no tenían éxito por ausencia de mediocentros defensivos, sino por los numerables balones perdidos. Atacar mal, defender mal, ¿nos acordamos o ya no?

El resultado es preocupante, desde luego. Por el futuro en el torneo y ese triple empate en ciernes. Por la derrota táctica y el abuso del balón largo, como señaló después Del Bosque. Pero sobre todo por la percepción de fragilidad del equipo. Muy pocos jugadores confirmando sus capacidades y casi todos evidenciando sus flaquezas. ¿Todos están acabados? Robben jugó desatado como si llevara esperando este día durante cuatro años y se reivindicó imaginando que Pete Townshend le cedía la guitarra en My Generation. Morir antes que envejecer.  

viernes, junio 13, 2014

Sospechar mucho, saber poco


Los viajes son estresantes. Ya sean por motivos de ocio o profesionales, para alguien que vive a un par de berrinches de abandonarse a un trastorno obsesivo-compulsivo, es imprescindible documentarse un poco antes de coger un avión. Yo lo hice antes de volar a Sao Paulo, el año pasado. Y aparte de las precauciones de seguridad, era bastante fácil averiguar que el tráfico en la ciudad es imposible y que los desplazamientos desde el aeropuerto internacional Governador André Franco Montoro, el más conocido como Guarulhos, requieren de paciencia por arrobas y, concretando, de un par de horas disponibles.

Por eso me han resultado tan sorprendentes las reacciones de muchos enviados especiales al Mundial al comprobarlo. Al filo de la noticia. Si ya lo era, imaginen en vísperas del campeonato y del debut de la selección anfitriona. Llegó el día y Croacia no apostó por llevar la congestión al estilo de las autopistas paulistas al césped. Tampoco por utilizar los gases lacrimógenos o las (ojalá futbolísticas) pelotas de goma con las que la Tropa de Choque de la Policía Militarizada dispersó casi antes de su comienzo el intento de manifestación que se dirigía hacia el Arena Corinthians.

Dos periodistas de CNN fueron agraciadas con la sutileza policial y heridas mientras cubrían la protesta. Seguramente ellas sí sabían que algo iba a pasar y conocían el riesgo. Scolari en cambio apenas acertó a prever que Dani Alves ha perdido el timing cuando sube la banda y que el sentido común del trío Kovacic, Modric y Rakitic pondría en dificultades a su ¿férrea? estructura de mediocampo.

No parece que de fútbol, pero como de motivación sí van sobrados, el orgullo local y la habilidad de Neymar Jr. para descolgarse de Hulk y ocupar el espacio entre pivotes y centrales croatas bastaron a Brasil para remontar. A falta de más continuidad de Oscar, es lo mejor que tienen, de largo, mientras la gente se pregunta en qué otras épocas de la selección hubieran podido ser titulares Hulk o Fred. ¿El árbitro? Eso sí que lo sabía todo el mundo antes de llegar a Sao Paulo, ¿verdad? Al próximo partido habrá que anticiparse e informar al aficionado sobre cómo ocurrirá el robo arbitral para poder estar más atentos. Igual simplemente fue cosa de Dios, al menos es a quien pareció señalar Fred. Hace un par de meses el jugador fue zarandeado en su vehículo al salir de un entrenamiento del Fluminense, su equipo, en Laranjeiras, Río de Janeiro, por los malos resultados. El jugador dijo que nunca más iba a dedicar un gol a los ultras. Mejor a Dios, que mientras va con nosotros no va con el rival.
   

domingo, mayo 18, 2014

Siempre es peor al día siguiente


En el último mes de competición, desde primeros de abril, cuando se despachan los títulos y se aprecia el valor del entrenamiento de todo un curso, el Barça perdió los cuartos de final de la Champions League y la final de la Copa del Rey. Además, terminó la Liga, los últimos seis partidos, con derrota en Granada, victorias agónicas ante Ahtletic y Villarreal y los tres definitivos y consecutivos empates, el último concediendo el título para el Atlético.

Anoche, minutos más tarde de que el presidente Bartomeu anunciara decisiones para "los próximos días", Martino se bajaba públicamente del barco arrebatado por la emoción pero sobre todo por las prisas, en el banquillo hacía semanas que apenas sin ejercer, mareado por una corriente que nunca pudo dirigir ni controlar. Reconociendo incluso que no participaba en las reuniones de planificación de la próxima temporada "sencillamente porque no existen". Tanto claudicó y desde tan pronto, que en la rueda de prensa previa al partido de ayer, Martino reconocía que el famoso 0-4 contra el Rayo, el de la pérdida del porcentaje de posesión de balón, fue mucho peor que otros partidos que no terminaron con victoria; aquella noche de septiembre dijo que "el debate me parece normal, sobre todo si el entrenador no es catalán ni holandés". En septiembre, no hoy con todo perdido sino en septiembre, Martino parecía ya con pocas ganas de afrontar el debate ni las alternativas a la propuesta anterior para las que se supone le ficharon. Nunca se trató de la posesión, mucho menos de la nacionalidad. Jamás el Camp Nou necesitó el recuento de minutos para valorar y disfrutar a su equipo. De hecho, algunas de las jugadas más aplaudidas año tras año no terminan en gol ni en nada. O cómo identificó con claridad, solo cuatro días antes de lo de Vallecas, aquello que tan bien se hacía en el pasado, pero esta vez en botas de unos ingenuos jugadores del Ajax que perdieron 4-0. 


Pese a todo ello, a primeros de marzo, Bartomeu declaraba en la cadena SER que esperaba que el entrenador para la próxima temporada fuera Martino, y en Esport3 sus deseos de ampliarle el contrato hasta 2016. Llegado el momento, anoche, ni siquiera fue él quien confirmó lo evidente. 


Los resultados. El juego. Ni siquiera el estilo. Nada se puede exigir a quienes dirigen un club de fútbol. Pero sí la coherencia. Porque en el caso del FC Barcelona, eso supone respetar la herencia, la recibida y la gestada, y también porque suele venir acompañada del estilo, que a su vez desemboca en el juego, que ayuda a la obtención del marcador. 
Pero la coherencia en el Barça se ramifica en un árbol de toma de decisiones que hoy día apenas ofrece sombra ni comodidad al vestuario. 

La Junta Directiva, ¿está convencida de mantener esta manera de jugar, basada en el juego de posición, o no? ¿Tomarán las decisiones en base a ella?

Los fichajes, ¿serán propuestos por la Dirección Deportiva, con Zubizarreta a la cabeza? El pasado verano, el fichaje fue Neymar (cuya historia ya es sabido cómo comenzó y se teme por cómo continuará), obsesión presidencial. Lo mismo que el entrenador, que a su vez confió en Puyol como refuerzo. "A este equipo le entrena cualquiera", dicen que se oía por el club hace tiempo. Ni Rosell ni Martino siguen en el club. Zubizarreta apostaba por Ernesto Valverde, por segundo año consecutivo sin éxito. ¿Luis Enrique participará en la elección de los nuevos futbolistas? ¿Las bajas, que el presidente ya deslizó anoche conocían los interesados?
Si el gasto que se afronta es elevado, ¿qué ocurre si la actual directiva apenas consigue alcanzar el fin de su mandato, dos años?
El filial. Samper, Adama, Munir, , Suárez, Dongou. ¿El modelo les dará oportunidades? Esta temporada que termina, 72 minutos

La 2013/2014 no ha resultado una temporada de transición. Ojalá. El equipo ha involucionado. Ni juego en largo, ni más verticalidad, ni las rotaciones. Nada sirvió para evolucionar ni competir. Es peor ahora que hace un año. El carácter, el pit i collons. Necesarios y sobradamente demostrados por esta plantilla en el último lustro. La disciplina, imprescindible y asegurada por la mayoría. Pero, de nuevo, todo ello va enlazado. Sí, con el juego. El fútbol. Salida de balón, defensas en la divisoria, mediocampistas, juego de posición, delanteros que abren el campo, Messi. La cohesión de once jugadores que fortalecía al club. Lo poco que quedaba se ha terminado marchitando. Messi, señalado por muchos, pitado ayer por alguno, ninguneado por la Directiva, aparece en el campo igualmente rodeado. De tanto pensar en el plan B el equipo terminó olvidando el plan A. Iniesta y Fábregas conectando cada vez menos con él. Xavi en el banquillo. Busquets sobrepasado ante el océano de distancia entre líneas. Los puntas lejos de facilitarle el espacio. ¿Neymar? 9 goles y preocupado por sus números individuales mientras vuela a Brasil.


El día en que te juegas la Liga, al séptimo córner, apenas en el minuto 50, ni un solo jugador del Barça salta en defensa mientras Godín empata el partido. Solo tímidamente Mascherano, encerrado entre rojiblancos y sin opción. Toda una metáfora de los tiempos en azulgrana. Sosteniendo al equipo cerca del 1-2, ya irreconocible, el argentino también habló después, en Barça TV. "Lo normal en la vida es perder". Hasta los números de la última década desmienten esa afirmación, pero ni siquiera es lo más importante. Como bien ha experimentado este equipo durante los últimos años, es mucho más difícil proponer que destruir. Ahora toca construir sin apenas red y con los primeros capítulos del libreto emborronados (cuando no definitivamente arrancados de cuajo). El futuro es más preocupante que el presente. Y ya es decir.


(Foto: fcbarcelona.cat)


jueves, agosto 29, 2013

El peso de Martino




Confiado. Contento. Respetuoso con el estilo y con la herencia recibida. Así se había mostrado Gerardo Martino en las ruedas de prensa celebradas durante los cuarenta días que lleva ejerciendo como entrenador del FC Barcelona. Convencido de mantener las virtudes ofrecidas por el equipo en el último lustro y empeñado en recuperar los ingredientes de la poción mágica, comenzando por la presión adelantada.

Sin embargo, Martino confesó anoche que, en primer lugar, es un entrenador de fútbol; honesto e inteligente, pero convencional al fin y al cabo. «Lo más importante de este mes de trabajo era ganar la Supercopa. No es el título más relevante pero soy un entrenador nuevo aquí y no era lo mismo ganar que no ganar. Me saqué un peso de encima».  

Quién puede culparle de esa ambición, de aportar la guarnición de un título a su carta de presentación. Y menos aún negarle el tiempo mínimo. Pero llamó la atención su liberación ante los micrófonos y su llamada a la paciencia: «A veces al inicio de una nueva etapa los equipos necesitan volver a hacerse fuertes a través de los resultados».

Es una lección dura de aprender, pero en el Barça los resultados, como el juego, son condiciones necesarias pero no suficientes. La pasada temporada se ganó el título con 100 puntos y la semifinal europea contra el Bayern Munich cubrió el curso de dudas y desencanto. Anoche mismo el partido dejó más sombras que brillantez, pese a levantar el trofeo, oscurecido entre patadas, juego deslucido, protestas y melancolía restando las paradas de Víctor Valdés.

Preguntado por la (ausencia de) conexión entre Messi y Neymar, Martino comenzó por señalar la distancia entre ambos que impedía mayor frecuencia de asociación para terminar invocando el avance del calendario que permita sumar entrenamientos, jugadores, rendimiento y complicidades. También la condición física, cuya preparación el entrenador argentino atribuyó principalmente a los partidos y no a los entrenos por falta de tiempo, resultó señalada en la lista de pendientes, junto con la velocidad, la precisión, el ataque de los jugadores invadiendo los espacios y el movimiento que dificulte la toma de referencias a las defensas rivales.  

«Cuando hay un título en juego lo que cuenta es ganarlo, aunque pretendemos más, seguir insistiendo en trabajar este tipo de partidos». Martino reconoció la poca cantidad de oportunidades de gol del equipo en relación con el tiempo de posesión de balón, y la mejora necesaria en la velocidad de la circulación y profundidad. Pero de nuevo, el tema estrella fue el balón largo y la presión:

«Por momentos son necesarios pases largos para filtrar la pelota por el medio, a la espalda de los centrocampistas del rival, pero esos lugares los encontramos en los últimos minutos de los partidos, con la merma física del adversario». Una cosa llevó a la otra. Balón largo propio y balón largo ajeno. «Tendremos pocas oportunidades durante el año de realizar esa presión alta; estaba convencido de que teníamos que recuperar esa presión arriba pero atendiendo a los rivales y cómo nos van jugando también debemos preocuparnos de dividir y de cómo afrontar la segunda jugada, tras saques del portero o de los centrales»

La parte buena, que Martino se ha dado cuenta muy rápido, antes de septiembre, de que eso de la presión no es tan sencillo. Que depende del juego de su equipo pero que también hay un contrario que interviene en la ecuación. La parte mala, que las incógnitas a despejar ni son pocas ni sencillas.
 «Salvo un rato contra el Levante los equipos no salen jugando desde abajo, y cuando vamos al campo rival nos sentimos más cómodos que retrocediendo».

El Tata corre el riesgo de tomar la presión como su piedra filosofal pero olvidando sus causas y sus efectos. El juego de posición, continuado, paciente pero pujante, genera fútbol hasta cuando es interrumpido por el rival. Cruyff le decía a Guardiola hace veinte años que si recibía patadas o golpes era culpa suya, por no soltar el balón antes. El exceso de faltas con el que el Atlético de Simeone interrumpió el juego azulgrana se benefició del poco ritmo y del fallo en los pases, con un césped del Camp Nou convertido en playa un verano más. Pero cuando la fluidez en la circulación de balón se impone, para el rival ni siquiera es tan sencilla la decisión de jugar en largo, porque no construye, a la manera que sea, sino que solo se defiende. No es lo mismo un despeje a ciegas que un balón en profundidad con sentido.   

«Nos tenemos que acomodar a jugar partidos diferentes: si el rival decide dividir la pelota y jugar en largo no hay más remedio que retroceder y buscar la segunda jugada. Si resolvemos eso, si nos hacemos fuertes ganando esa segunda pelota en la mitad de la cancha y a partir de ahí recuperarla y empezar a jugar, vamos también a reconocer otra forma de jugar los partidos».  

Si de luchar balones divididos se trata, poco sentido tiene que Xavi juegue casi completos los cuatro partidos que llevamos de curso, o la presencia de Iniesta. Ni siquiera Busquets, impecable en posición y corte...por bajo, claro. No se trata de eso. No se trata de disputar el balón largo, se trata de evitar que se dé y minimizar sus efectos. 

«Buscamos que el Barça recupere las distintas formas de jugar en estos últimos 5 años: dinámico, profundo, resolver las distintas propuestas de los rivales. Igualar intensidad para tener opciones ante rivales como Atlético». El equipo evolucionó desde 2008 a 2011. Guardiola y Vilanova introdujeron variantes y alternativas, esas que ahora busca Martino, pero la forma de jugar solo fue una. Eso sí, la intensidad es imprescindible. Estuvo y dejó de estar, eso bien lo percibió Martino o de forma sincera se lo contaron. 

«Olvidemos Málaga y Atlético, pensemos en lo que ocurriò vs BayernMandžukić aguantando balones de espaldas para los volantes de frente mientras los nuestros retrocedían. No hay forma de cambiar ese sistema si el rival lo quiere hacer, debemos prepararnos para que no nos cause problemas, aunque los partidos los ganaremos con las formas de siempre». Nunca este Barça podrá contrarrestar a sus grandes rivales europeos en base al físico. Siempre deberá obligarles a bajar su centro de gravedad. Ya lo dijo el propio Martino en Málaga, presionar a 15 de altura es difícil...

El equipo sigue en el mismo punto que en la pasada primavera, pese a las apariencias y a las buenas intenciones, mejor expresadas que practicadas. El cuestionario sigue abierto. Hay tiempo, veremos si también lucidez. 

lunes, agosto 19, 2013

Momentos del FCB vs UD Levante

Estimulante puesta en escena del FC Barcelona para comenzar la Liga 2013/2014. Algunos momentos clave del partido.


1-0. Aquí recupera Mascherano el balón. Pedro está libre en la banda izquierda:




Con un pase (y sencillo) más, Fábregas, Xavi, Messi y Alexis, todos de cara a portería y con ventaja:




11'. Busquets superará toda la línea de mediocampo del Levante con este pase:




Cesc aprovecha el espacio que deja Leo al retrasarse. La defensa ha tenido que bascular y Pedro está, de nuevo, solo. 2-0:




19'. Xavi falla un pase, pero ahí está todo el equipo, junto. El Levante despeja en largo y Piqué recuperará el balón...en campo rival:




21'. Otro pase largo de Busquets, en búsqueda de Alexis, fuera de la pantalla. Así mezcló el Barça el juego, Busquets y Cesc sobre todo, también Xavi, buscando a los delanteros. El estilo azulgrana siempre lo permitió, como hacía Koeman en el Barça de Cruyff (diagonales hacia Stoichkov/Laudrup) o más recientemente Rafa Márquez (Ronaldinho en punta izquierda):




3-0. Messi acude a presionar, beneficiado por el acoso de Alexis a Navas, que no puede despejar en largo. Tras la recuperación, Leo dejará una asistencia de gol:







4-0. Leo dejando otro pase de gol. Está marcado y bien defendido, pero da igual. Ya ha ganado el espacio. El mejor (también) pasador del mundo. Aquí más ejemplos:




28'. Piqué toca y distrae con Messi, atención a todo el espacio que queda libre entre las dos líneas de cuatro del Levante:



43'. Otro ejemplo pase largo. Cesc:





Vídeo HD con los goles del partido, vía @FCBarcelonaRAC1:










martes, julio 30, 2013

Recuperar la presión es recuperar el juego

La rueda de prensa de presentación de Gerardo Tata Martino como entrenador del FC Barcelona dejó una buena primera impresión del técnico argentino, la asunción de que tras cinco años el banquillo azulgrana no sería para alguien de la casa y el reconocimiento general, tras un primer impacto, seguramente negativo y prejuicioso, de que el hombre debe recibir su crédito y un mínimo de tiempo para trabajar.

Martino, prudente y con una virtud de los inteligentes, escuchar mucho, habló de recuperar cosas, no tanto de innovar, como si fuera consciente del aparente diagnóstico consensuado con los males del Barça durante la última temporada. Reconoció haber hablado con Tito Vilanova, cuyo recuerdo flotó por la sala durante la larga hora de preguntas y respuestas, con Zubizarreta como recurrente inspirador de lógicas y necesarias menciones y muestras de respeto hacia el anterior entrenador. Seguramente Martino y Vilanova no profundizaron en cuestiones tácticas, o quizá sí, pero hubiera sido interesante conocer la impresión de Tito al escuchar de boca del argentino eso de "recuperar la presión adelantada". Si hay que recuperarla es síntoma evidente de que se había perdido.

Portada de Sport (España)

En su edición de hoy lunes, el diario Sport recogía objetivos del Tata en esa misma dirección. La cuestión es saber si realmente conoce las causas y los efectos. Una cosa es que por circunstancias del fútbol y de la vida, el imborrable lustro de Guardiola y Vilanova haya terminado, otra muy distinta es que no se haya aprendido nada de lo ideado y practicado durante los últimos cinco años. Sí, la presión adelantada fue un rasgo imprescindible en ese Barça triomfant. Más discutible pero aceptemos por un momento que la condición física del equipo (no confundir con el estado puntual de un futbolista concreto, por importante que fuera) resultó una de las causas principales del mal final de curso y de las derrotas vs Bayern. Lo que ya no es posible es (al menos sin sospechar que la afirmación como poco carece de cierto estudio de los engranajes de un grupo con tanto exitoso fútbol a sus espaldas) afirmar la correlación directa entre ambas.

El FCB de Pep Guardiola, por ejemplo el de 2011, esclavizaba a sus rivales con esos mecanismos de presión tan presuntamente físicos llevados a cabo por, atención, ese grupo de atletas compuesto por Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro, Villa y Messi. Solo repasar los nombres invita a descartar la fortaleza física como primer variable de éxito. Efectivamente, antes de eso había mucho más.

El juego de posición y uno de sus argumentos, el toque. Así, con Xavi al mando, decenas de repeticiones de control + pase, distribuidos en una sucesión interminable de triángulos por tres cuartas partes del terreno de juego, suponían el primer paso. Todo el equipo en campo rival. Piqué y Puyol/Mascherano cerrando en la línea divisoria. Alves apoyando el medio campo y Abidal pendiente de las correcciones. Busquets como ancla, sólido en su zona como vértice del resto, tan bien colocados, tan cerca de la portería rival que con esfuerzos cortos en espacio e intensidad, en un escenario con una insoportable reducción de espacios para el contrario, lograban en un número frecuente de intentos la recuperación casi inmediata de la posesión. Confianza, colocación, atacar bien para defender bien. Xavi e Iniesta, los que no podían jugar juntos en un medio campo de tres. El credo. muy lejos de la exuberancia física.

Como sabemos, el Barça de Tito, el Barça de Alba y Cesc, terminó por jugar a otra cosa, en parte porque la discontinuidad de Xavi y Thiago impidió que la paciencia resultara tan determinante como hasta entonces. A correr y a marcar más que el contrario. Válido para la Liga, insuficiente para la Champìons League y para los duelos vs Real Madrid, feliz al enfrentarse a un rival con sus mismas armas pero con un abismo de distancia a la hora de la habilidad para ponerlas en práctica.

Thiago ya no está, Cesc no sabemos si quiere/puede jugar como centrocampista puro (capaz es, como demostró en el Arsenal), Xavi es una incógnita e Iniesta brilla en zonas intermedias tras distraer con el pase. Arriba estarán Neymar y Messi. El físico no podrá hacer milagros. El juego devolverá realidades. Aquí no están Khedira, Javi Martínez, el Essien de 2008. Y durante años cualquier mediocampista de los citados en el Barça recuperaba como mínimo la misma cantidad de balones que los llamados especialistas en el noble arte de la destrucción. El Borussia Dortmund es un gran ejemplo actual del orden colectivo en la búsqueda de la pelota, aunque Klopp prefiere imponerlo unos metros más atrás.

Posiblemente tendrá más influencia en el resultado de la temporada la labor de motivación y de convencimiento en la pelea por los títulos que Martino sea capaz de introducir en el vestuario que lo físico, dando por descontados unos niveles mínimos para el fútbol de élite. El otro factor seguro, Leo Messi; más de doscientos treinta goles en las últimas cuatro temporadas, para afirmar que "debe jugar más cerca del área"... ¿en serio? Leo es el mejor centrocampista del equipo, y en ocasiones su afán de ayudar y participar le acerca más al círculo central que a la portería. Pero sus partidos evidencian su intuición para llegar al área cuando toca (no estar sino aparecer, ¿recuerdan?) y su voracidad para marcar. La única certeza posiblemente del FC Barcelona a fecha 30 de julio de 2013. No sean pelotudos, por favor.  

domingo, mayo 12, 2013

Bienvenidos al mundo real


Mientras se cumplía el vigésimo quinto aniversario del segundo advenimiento de Johan Cruyff,esta vez al banquillo, la afición y el periodismo del FC Barcelona pasaron días ofuscados entre celebrar como merece el titulo de Liga o asumir e iniciar las consecuencias de la debacle europea contra el Bayern de Munich.

En la mayoría de casos, al aficionado azulgrana la Liga no le sabe a poco, ni nadie tiene que recordarle que la valore o celebre. Pero la numéricamente extraordinaria primera vuelta, 18 victorias y un empate, sentó la base del título cuyo desenlace era esperado. El ilusionante inicio contra la Real Sociedad (5-1), las esforzadas victorias por la mínima ante Osasuna y Valencia mientras se alcanzaba la velocidad de crucero hasta enero, equipo a toda máquina impulsado por las comparaciones con Guardiola y motivado por la Liga de los 100 puntos de la "mejor plantilla de la historia", con excelentes minutos de fútbol vs Málaga y Espanyol. Las dudas sobre el exceso de verticalidad del equipo o la preponderancia en el juego de Cesc quedaban en un segundo plano tras el rendimiento y la clasificación, sumadas la recaída, operación, tratamiento y recuperación de Tito. Busquets, Iniesta, Piqué, Alba, Pedro y Xavi, muy cerca de su mejor versión, envueltos en la omnipresencia de Messi.

El 17 de enero, dos semanas más tarde de declarar en rueda de prensa que "siempre se ha dudado de mí" y "no descarto conocer otras culturas, otros tipos de fútbol, otros países, lo que venga", Víctor Valdés y su representante comunicaban a Zubizarreta sus intenciones irrevocables de no renovar el contrato, vigente hasta 2014, del portero, ni siquiera iniciando conversaciones económicas. La agencia EFE fue la elegida para difundir la noticia. Justo un mes antes, el club anunciaba las renovaciones de Xavi, Puyol (ambos hasta 2016) y Messi (2018). Cinco meses de perspectiva revelan aquella decisión mínimo como discutible y quizá motivo de algunas otras, como la de Valdés.

Enero y febrero trajeron al equipo carbón y plomo en forma de partidos pesados, carentes de fluidez y ritmo, la eliminación copera vs Real Madrid siendo inferiores y sometidos por la ecuación despeje + velocidad del equipo blanco (tras un partido de ida en el Bernabéu (1-1) en que se perdió la oportunidad de casi liquidar la eliminatoria ante el único sostén de Varane por parte local) y el infame día de Milán. 

La derrota de San Siro supuso el fin del experimento. Sin partidos de ida y vuelta, con espacios sobrevenidos o provocados, la pujanza de Cesc y facilidad para el gol en transición desaparecieron. El embudo central que tantos rivales propusieron en la etapa Guardiola regresó sin demasiadas respuestas para desentrañarlo. Xavi sin referencias ni posibilidad de triángulos, Messi desorientado, Cesc desaparecido y los extremos sin capacidad alguna de desequilibrio. En pleno debate Alexis. En aquellos días le preguntaron a Iniesta si se sostenía alguna comparación del momento del equipo con la última etapa de Rijkaard: "No tiene nada que ver, pero nada, en absoluto", enfatizó el jugador. "Aquí no estamos solo para ganar el triplete y decir ¡qué buenos somos! Cuando vienen mal dadas hay que recuperarse y aprender de lo que ha sucedido". Reconocía eso sí la importancia de la ausencia de Vilanova, en Nueva York. Los días en los que todos pensaban que no se notaría la falta del primer entrenador habian terminado.

Después de perder en el partido liguero en el Bernabéu, el equipo afrontaba la vuelta contra el AC Milan con ganas de verdadera afirmación. Recuperando la presión adelantada, la verdadera, basada en la posición grupal y no en los kilometrajes individuales, con Busquets al mando, Alves de interior y Messi siendo Messi, la remontada fue un hecho y el foco en la Champions League una consecuencia lógica. Los partidos de Liga se sucedieron de manera funcionarial y la eliminatoria contra el PSG anticipó lo que esperaba en semifinales: el reconocimiento final de que el equipo ya no podía competir de igual a igual con la élite del fútbol europeo. Todo ello ya sin Puyol, que decidió operarse por sorpresa y con relativo consenso con el club, tras ser suplente contra el equipo lombardo. Solo la reaparición de Abidal ha podido calificarse de buena noticia hasta la confirmación final del título número 22, el duodécimo tras la llegada de Cruyff en 1988. 

El título es especial, como lo son todos en realidad, cada uno impregnado de recuerdos y de momentos espectaculares, tras nueve meses de viaje. La demoledora presencia de Messi. La dignidad de Piqué. El regreso de Alves, La profesionalidad de Valdés. El ingenio de Iniesta. La rebeldía de Abidal. La victoria de Tito sobre el cáncer y sobre el mal gusto de el Pito. Pero también aspectos menos positivos que obligarán este verano a tomar decisiones. Las que anticipó y quizá se vio demasiado solo para afrontarlas. El resultado del Bayern obligará a fichar y a traspasar, y al Presidente Rosell, tras conquistar su primer gran trofeo, a asumir, por primera vez desde que accedió al cargo, verdaderas responsabilidades y con su sello, no con el heredado, del que aún obtiene réditos.    

En 2006, Rosell publicó un libro. Se publicitó como un interesante tratado de marketing y de management empresarial aplicado al fútbol, pero en la práctica se convirtió en un interminable ajuste de cuentas contra Txiki Beguiristáin y, de forma obsesiva, contra Cruyff, y una excusa de 324 páginas que preparaba el camino. Rosell pasaba directamente del episodio de Zubizarreta en Atenas, al "esperanzador renacimiento deportivo dirigido por Bobby Robson, secundado por el no suficientemente valorado Jose Mourinho", (pág. 160). Opiniones futbolísticas sobre el trabajo de Rijkaard, sus apuestas como Gratacós o Scolari como plan B...siempre en la superficie su verdadero desvelo: las cuestiones deportivas. 

El mencionado libro termina citando su propia carta de despedida del club en junio de 2005: "finalmente dejé claro que no he aspirado, ni aspiro a la presidencia del Barça, pero era obligado incorporar una coletilla, y es que, como dice un amigo mío, nunca digas nunca". Pero empezaba, en la introducción, con una confidencia. El libro estuvo a punto de titularse "Cuando ganan los malos", imaginen dirigido a quiénes, pero finalmente se llamó "Bienvenido al mundo real", en homenaje o inspiración de la película Matrix. El final de los fotógrafos, de los focos, del público. El mundo sin el Barça, según Rosell. Guardiola y las coartadas se han terminado. Recién anunciadas sus intenciones de presentarse a la reelección, puro comportamiento nuñista con tres años de mandato aún por delante. Los árbitros sin venir a cuento. Fichajes como Neymar con negociaciones convenientemente filtradas en prensa, sin saber muy bien a qué obedecen. La austeridad como leitmotiv de un club de fútbol. El lenguaje excluyente hasta en el triunfo: "Después del partido ante el Bayern, mucha gente quería quemar el estadio, al equipo, a la directiva...supongo que ahora no querrán quemar tanto". El equipo estará siempre obligado a sostener al clubBienvenidos, todos, al mundo real.  
 
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