lunes, abril 04, 2005

JOHAN CRUYFF El error de fichar jugadores libres

Siempre ocurre lo mismo. A estas alturas de la temporada, la semana en que no hay fútbol se disparan mil y un rumores. Que si se quiere fichar a éste, a ése y al de más allá... yo lo veo como un juego. Una forma como otra de llenar las páginas de los diarios deportivos. Y siempre sale el nombre de uno que queda libre. No entraré a valorar las calidades de Van Bommel. Ni de si encaja o no en el Barça de la próxima temporada. Me limito a recoger su caso, su nombre, para explicar una cosa que no me gusta del fútbol: la idea, equivocada, de que fichar a uno que acaba contrato es un acierto total en lo económico. Y no lo es por dos motivos. Uno, porque siempre debería existir un traspaso, un pago de club a club. Y dos, porque eso de fichar a uno gratis es relativo.El que viene con la carta de libertad bajo el brazo se la cobra. Su club no ve un duro, pero el jugador, por el simple hecho de llegar libre, obtiene unos ingresos mejores de los que tendría en el caso de haberse pagado un traspaso por él. Ya sea en forma de prima de fichaje -lo que no le pago al club te lo pago en parte a ti- o en forma de un contrato más generoso, el futbolista que llega libre pasa a cobrar, de salida, una cifra superior a la de un compañero de idéntica o incluso superior calidad-rendimiento. Y eso, en un vestuario, es un problema. Porque allí se sabe todo. La armonía en una plantilla es difícil de conseguir y los agravios comparativos no ayudan en este sentido.Pero más allá de que tú, como club, caigas en la trampa de pagar a un jugador por encima de su teórico rendimiento de entrada, más grave aún es la no existencia de un traspaso. ¿De qué viven los clubs? Del dinero. Eso es lo que mueve el fútbol. Eso es lo que lo mantiene vivo. Si lo tengo, ficho. Si no lo tengo, o no ficho nada o me endeudo más de lo que estoy. Ahí los clubs deberían darse cuenta de una cosa básica. El traspaso debería existir siempre. Ni que fuera un mínimo. Porque si tú lo pagas siempre lo vas a recibir. Es una rueda que se retroalimenta. Yo pago diez por uno de tu equipo. Y este equipo, con tus diez, comprará a otros dos de cinco. Y el que ha vendido a uno por cinco tendrá con qué salir de compras. Es una cadena que afecta al entramado del fútbol. El club grande ficha a uno por una cifra, y, a partir de ahí, la cifra se va dividiendo y dividiendo a medida que más clubs y más jugadores entran en la rueda. Y todo por un traspaso inicial. Sin él, la rueda se rompe y el fútbol se estanca. Actuando así ayudarás al fútbol y te ahorrarás que, un día, sea uno de los tuyos el que se espere a quedar libre.¿Hay alguna solución? Sí, aunque suene utópica, nadie debería fichar a un jugador que acaba contrato. No, sin existir un pago de club a club. De lo que se trata es de que todas las partes salgan ganando algo. Si es así, el beneficio, a la larga, también será para todos. A más entradas y salidas, cuanto más natural sea el movimiento de jugadores, mayores serán las oportunidades para que surjan nuevos valores y ocupen el sitio de los que ya se han formado y salido.Ésta es mi idea del fútbol global, de un fútbol vivo, en el que los equipos grandes necesitan, sí o sí, de la existencia de los equipos pequeños.Otra cosa que debería revisarse del fútbol es la existencia de las famosas cláusulas de rescisión. Tenían su sentido hace años. Hoy en día son parches sin baremo alguno. Hay un desequilibrio exagerado entre lo que gana un jugador y lo que se pide de traspaso. Y eso también contribuye a lo explicado antes: que los jugadores y los clubs esperen a que uno quede libre para cambiar de equipo. Unos y otros deberían pactar aquí un punto de equilibrio. Siempre desde el sentido común. ¿Qué ganas? ¿Dos millones? Pues tu traspaso lo ciframos, por ejemplo, en 20 millones. Lo que es inconcebible, y ocurre, es fijar una cláusula de rescisión de 20 millones y pagar al jugador 200.000 euros de ficha. Si es así, pide dos millones por venderlo, nunca 20. Ahí está la verdadera desproporción. A partir de aquí entran las variables. No es lo mismo pedir una cifra de traspaso por un futbolista joven que por otro plenamente formado. Al jugador se le ha de pagar por calidad-rendimiento. Si a los 22 años rindes y eres mejor que a los 20, tu contrato debe contemplar una mejora. Por eso defenderé siempre la fórmula del contrato corto de fijo más incentivos. Porque va en beneficio de todos. Como humanos que somos, siempre debemos tener una motivación. El rendimiento de un jugador nunca será igual con un contrato largo y blindado, pongamos de 8 años, que con uno corto y por incentivos. El primero te permite relajarte. El segundo te hará mantener alerta. Y el club, encantado de pagarte más si lo mereces.
 
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