miércoles, abril 06, 2005

'Jugaremos por vosotros'

"Jugaremos por vosotros"

Liverpool y Juventus se enfrentan en Anfield 20 años después de que los capitanes Neal y Scirea aceptasen disputar la final de Bruselas poco después de la muerte de 39 aficionados

EMILIO PÉREZ DE ROZAS

"Lo que menos nos importa es quién ganó la maldita copa".La Gazzetta dello Sport del día siguiente, 30 de mayo de 1985, reflejaba la auténtica realidad. La noche anterior se nos pusieron los pelos de punta cuando, a las 19.20 horas, 85 minutos antes de que Liverpool y Juventus disputasen la final de la Copa de Europa más esperada de la historia --la organización recibió 450.000 solicitudes de entrada--, se desató la tragedia y el estadio Heysel de Bruselas se convirtió en el infierno. Entre los escombros murieron 39 aficionados, 32 de ellos italianos.Desgracia anunciadaVeinte años después, el caprichoso sorteo de la Champions ha emparejado, de nuevo, a los dos protagonistas de aquella final que, para muchos, no debió disputarse. "Fue indecente que se jugase", reconoció el Partido Socialista Belga.La tragedia de Heysel contó no sólo con la complicidad de los hooligans más ultras, liderados por los reds animals, que amedrentaron, apedrearon, insultaron, acorralaron y empujaron hasta el precipicio de la curva Z del gol sur a miles de seguidores bianconeros, sino con la ineptitud de los responsables de seguridad del evento, liderados por Charles Ferdinand Nothomb, ministro del Interior belga entonces, que no tuvo más remedio que dimitir ante tamaño desaguisado.Nada más llegar a Bruselas, dos días antes, todos percibimos un ambiente que presagiaba tragedia. Los hooligans empezaron a romper los escaparates de las joyerías de la Grand Place el lunes, maltrataron a las inofensivas familias juventinas en la plaza de Brouckere el martes y asaltaron a aficionados belgas indefensos, el mismo miércoles, en los alrededores del Atomium.Ferdinand, secundado por el entonces presidente de la UEFA, el belga Jacques Georges, anunció a bombo y platillo que no podrían adquirirse bebidas alcohólicas en dos kilómetros a la redonda de Heysel. ¡Falso! Había furgonetas hasta las mismas puertas del estadio y, cuando a las seis de la mañana del día 30, entramos en el estadio, en compañía de un equipo de la televisión danesa, un tanto por ciento elevado de cascotes y escombros estaba compuesto por botellas, vidrios rotos, latas y cajones de cerveza.No sólo les pusieron al alcance de la mano la bebida; tampoco controlaron a los ultras. Todos los antidisturbios, según reconoció después el comandante Boileau, se instalaron en las afueras del estadio "porque temíamos que las peleas se produjesen a la llegada". Los 10, 12, a lo sumo 15 policías --ni eso, guardias-- que custodiaban la verja de separación de las aficiones en el gol sur fueron los primeros que huyeron al producirse el ataque inglés.La avalancha, las correrías y el derrumbe del muro se produjeron en cuestión de segundos, cuando los hooligans atacaron y acorralaron a las familias italianas, a las que pillaron de improviso. Los auténticos tifosi estaban en el gol norte, justo donde Michel Platini marcó el penalti del triunfo italiano después de que el árbitro suizo André Daina convirtiese en pena máxima una entrada de Gillespie a Boniek dos metros fuera del área.Confusión sobre los avisosSe fue la luz y se cortaron las comunicaciones. Mientras los heridos eran atendidos en el aparcamiento del estadio, en un improvisado hospital de campaña, el único contacto con el mundo exterior era la televisión. Los periodistas acudimos a las cabinas para informar, ya que los comentaristas no podían moverse de sus asientos para recabar información. Mientras Ferdinand reconocía su asombro "porque nadie me previno de que podía ser un choque tan violento", Neil McFarlane, ministro de Deportes británico, aseguraba haberle enviado "más de un aviso y faxes previniéndole de la peligrosidad de los aficionados ingleses".El italiano Otello Lorentini, presidente de la asociación de las familias de las víctimas de Heysel, que asegura no haber vuelto a ver un partido desde que perdió a su hijo Roberto, médico de profesión, espera que hoy "el partido se convierta en un homenaje a las víctimas de aquella desgracia".El Liverpool Memorial, junto a la puerta principal de Anfield Road, estaba ayer repleto de flores. "En recuerdo de los fallecidos, esperando que no ocurran más tragedias similares", se podía leer sobre una bandera española. La firma era de "The Núñez's friends", los amigos del jugador del Liverpool. No quedaba claro si el recuerdo era para los italianos que murieron en Heysel o para los 91 seguidores del Liverpool que perecieron en otro desgraciado accidente, ocurrido en el estadio del Sheffield cuatro años después, en 1989.Baros tenía cuatro añosEl checo Milan Baros, goleador de los reds, reconoció ayer que no sabe nada de Heysel. "Tenía sólo cuatro años". Confiesa, eso sí, que ha oído hablar. "Se está hablando de ello y se hablará más, pero cuando el árbitro pite el inicio del encuentro, nadie pensará en ello".Puede que a Baros no le hayan contado que, mientras evacuaban a centenares de heridos, los capitanes Phil Neal y Gaetano Scirea anunciaron que jugarían el partido: "Os pedimos que no hagáis caso a los provocadores. ¡Jugaremos por vosotros!"."El fútbol --pidió ayer Rafa Benítez, técnico español del Liverpool-- ha de unir y no dividir. Debemos honrar a las víctimas con el mejor de los partidos posibles".
 
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