jueves, enero 19, 2006

Stop al antifútbol

La UEFA ha impuesto sanciones de hasta ocho partidos de suspensión a un futbolista por escupir a otro. Aquí, el lapo sale gratis. ¿Es que nadie en nuestro fútbol quiere desterrar de nuestros estadios el antifútbol, la grosería, el teatro, la mala práctica deportiva y todas las conductas contrarias al fair play? Ese incivismo, ese reirle la gracia al futbolista que llama jocosamente cabrones a los contrarios y escupe a un rival, terminará por echar de los estadios a las personas a quienes todo eso nos repugna. Que no me busquen en un campo en el que los recogepelotas están para no devolver el balón. Que no me esperen en esos campos donde se echa el balón fuera para atender a un pícaro. Que no me imaginen aplaudiendo un falso penalti, aunque me dé los tres puntos. Que no me esperen alabando la gestión de las directivas que falsifican pasaportes. Que no me cuenten entre quienes hoy felicitan a la Federación por haber mirado hacia otra parte en el sipiajo de Eto'o, como miró a otro lado cuando el seleccionador llamó negro de mierda a un ser humano. Pero, ¿qué se puede esperar de la federación presidida por un ex futbolista mediocre que, lo más destacado que hizo en su carrera fue tumbar de un puñetazo a la estrella del equipo rival...?
Creo que hay que ponerle un stop al antifútbol. Prefiero el fútbol de fricción al de ficción. Prefiero el choque viril al teatro mariconil. Me enardecen las entradas duras pero nobles de la Premier y me deprimen las lipotimias de los jugadores de la Liga española. Para muestra, la actuación de Deco ante el Athletic, con sus cuatro piscinazos. O los de Robinho y Guti además de los ya proverbiales de Tamudo. Pero no hay partido en nuestra Liga de las estrellas sin interrupciones dolosas y dolorosas, sin cuento, sin comedia...
En el Betis-Chelsea de la Champions de hace unos meses, Dani marcó el 1-0 en el minuto 28 del segundo tiempo. Pues bien, en el resumen escrito de ese partido se detallan cinco caídas de jugadores béticos en los diez minutos que siguieron al gol, con otras tantas interrupciones, entradas de las asistencias y conatos de tanganas, ante los desconcertados jugadores ingleses que no comprendían nada de lo que estaba pasando. Los caídos, por este orden, fueron Edu, Dani, Edu, Dani y Capi. El fair play del equipo y público béticos exige que en esas caídas el balón se eche fuera del campo, donde los recogepelotas lo ignoran cuando no lo alejan o juguetean con él sin devolverlo. Si el balón va al público, es retenido para que el árbitro no pueda reanudar el juego hasta que pide otro balón. En ese momento, es devuelto el primer balón desde la grada para que el árbitro, a instancias del vociferante público, detenga nuevamente el partido. Y así, desde el minuto 28 hasta el final (el sábado la víctima de este antifútbol vergonzante fue el Atlético de Madrid, al extremo de que el árbitro se vio obligado a echar del campo a los recogepelotas). ¡Y ese es nuestro mejor público!
 
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