domingo, octubre 15, 2006

Las sonrisas vergonzantes

Seguramente no hay que tomarse el fútbol tan en serio, pero lo ocurrido anoche en el estadio Vicente Calderón en el partido Atlético de Madrid - Recreativo de Huelva debe hacernos reflexionar.

Es cierto que el árbitro Pérez Lima se equivocó en todas y cada una de las decisiones importantes que tuvo que tomar: penalties, goles ilegales, jugadores expulsados que pasan desapercibidos...
Sin embargo, a mi entender ésto no fue lo peor de todo. Si el árbitro se equivocó tanto fue porque los jugadores se empeñaron en engañarle. Si Viqueira, Galletti o Agüero no hubieran simulado jugadas y faltado al respeto a sus compañeros y a su profesión, el árbitro nada pintaría.
Muy dolidos eso sí debieron quedar los seguidores del Recre al ver al colegiado abandonar el campo sonriendo tras su actuación. Pensemos que el hombre confiaba en haber acertado. Aún así, a quien esto escribe le parece más grave la sonrisa y abrazo entre Fernando Torres y Maniche, complacidos por el gol con la mano de su compañero Agüero.
Desde el lamentable calificativo de la mano de Dios que algún exagerado comentarista argentino dedicó al gol con la mano de Maradona a Inglaterra en México '86 no se veía nada igual.
El seleccionador inglés de aquella época, Bobby Robson, declaró tras aquella jugada "me duele en el alma quitar de la lista de mis jugadores favoritos a Diego, pero esta jugada es indignante".
Todavía hoy, veinte años más tarde, se sigue riendo aquella gracia, y también hoy en varios medios escritos y tv se compara al Kun con Maradona...
Engañar al árbitro es particularmente celebrado en países como Argentina e Italia, con la excusa tópica esa que dice que el fútbol es para pillos.

Si los jugadores no son leales y dignos en su comportamiento, ¿cón qué ética se les pueden pedir responsabilidades a los árbitros?
 
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