lunes, febrero 26, 2007

Etoo regresa

Los barcelonistas vivimos días de gloria con taquicardia. El campeón de Europa tiene una herida más proclive a infectarse que a sanar. La Liga parece al alcance de la mano, algo menos histórico que repetir en la Champions.
Cruyff ha ejercido con pericia de profeta, anticipando los malos resultados con la teoría de que los ciclos ganadores duran como mucho tres o cuatro años. ¿Entramos al invierno de nuestro descontento?
Hace una semana coincidí en el vuelo México-Madrid con Jorge Valdano. Como siempre, repasamos los equipos que nos preocupan por razones inversas: "Algo me queda claro", opinó Valdano: "el Barça nos ganó la batalla ideológica". En la travesía sobre el Atlántico me pregunté si el Barcelona no estaría en camino de ganar solo la batalla ideológica, olvidando una realidad que hay que pacificar con goles.
El momento psicológico del club alcanza un nivel que rebasa las atribuciones de la terapia convencional y amerita a un psíquico de la dimensión desconocida. El astro en torno al cual giran las preocupaciones es, por supuesto, Ronaldinho. Que un portugués se ponga triste es una prueba de carácter. En este caso, la melancolía aqueja a un brasileño que hasta hace poco nos hacía creer que su inconsciente era una escuela de samba. Ningún crack prospera sin apetito de triunfo y el emblemático 10 ya cosechó en el Barça todo lo que podía. Tal vez también gravita en su ánimo haber jugado de incógnito en el Mundial. Si se desanimó en la justa máxima, ¿por qué habría de sentir ambición ante los titanes menores del Liverpool? Lo cierto es que el pasado miércoles los culés nos atrevimos a un acto de desmitificación: Ronaldinho se quitó la camiseta y notamos que el semidiós tiene barriga.
Vi el partido en el palco donde Laporta derrochaba un optimismo rebelde. A tres butacas de la mía, Etoo gritaba como si estuviera en el campo y alzaba un brazo donde solo un detalle sugería a un atleta inactivo: un reloj del tamaño de una galleta con la bandera de Camerún. El entusiasmo del presidente y la furia del goleador revelan a un club con sangre en las venas. El problema está en hacer una transfusión del palco a la cancha.
Recordar a los Beatles fue por primera vez motivo de insomnio. Los cuatro de Liverpool cantaron en nuestra mente La noche de un día difícil y la táctica de Rijkaard nos llevó al insomnio: Ronaldinho avanza por la izquierda y se dirige al centro, Messi se mueve en cualquier zona y busca el centro y Saviola ¡ya está en el centro! El temple conciliador de Rijkaard ha creado una política de centro. No sólo urgen extremos sino extremistas. Por desgracia, Giuly no parece animado a la lucha de barricadas. Todos los ojos se dirigen al herido Etoo.
Coincidí con él en Alemania 2006, en un programa donde ambos éramos comentaristas. Lo que más me impresionó fue su renuncia a verse fuera del partido. Para desconcierto de mis paisanos, opinó mientras México zozobraba: "Me gustaría jugar en este equipo porque es el que necesita más ayuda". La frase lo define: quiere estar donde resulta urgente.
El Barça es un lugar a su medida.
Ayer, ante el Athletic, Etoo forzó el autogol que abrió el marcador, dio el pase del segundo gol y marcó el tercero. Además sus desmarques dieron lógica a los movimientos del equipo entero. Y sobre todo, fue un estímulo para Ronaldinho, que casi cuaja un gol para guardar en un museo.
El juego de conjunto es milagroso: con Etoo en la cancha, Ronaldinho está delgado.

Juan Villoro, escritor.
El Periódico de Catalunya.
 
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