sábado, agosto 25, 2007

Bien vestidos para un desfile incierto

A juzgar por el álbum de cromos del curso nadie diría que el Real Madrid sale como campeón. Apenas queda rastro del triunfo de un equipo que se remendó sobre la marcha con una fe ciega para conquistar un torneo a corto plazo, como si la Liga fuera la Copa o la Champions, y se volatilizó a la que cantó el alirón en la última jornada. En cuanto ganó el título, perdió también su razón de ser, de manera que el presidente largó al entrenador y nadie puso el grito en el cielo. A Capello le avala la concreción, comoa Dunga en Brasil y a Lippi en Italia, pero Calderón aspira a tomarse un gin tonic en el descanso de los partidos y no aceite de ricino en el descuento, cosa comprensible, por otra parte, en una persona a la que le gusta improvisar en el campo y presumir en el palco de su victoria sobre los testaferros de Florentino y los herederos del Bernabéu en las elecciones.

Al parecer, Capello sólo tiene sentido como técnico anti-Barça. Acabó con el dream team en Atenas, dinamitó el equipo que Núñez le montó a Robson para combatir la leyenda de Cruyff y desvirtuó al plantel de Rijkaard, antes de ser despedido. Al entrenador italiano le encanta el cuerpo a cuerpo y cuestiones personales como las de someter a Ronaldo y Ronaldinho, y, en cambio, huye de la retórica, el toque-toque, cuyo portavoz es el FC Barcelona, presente de alguna manera u otra en el campeonato, y también en el Madrid. Schuster, Laudrup, Víctor Muñoz, Valverde, y hasta Stoichkov tienen algo que ver con el Camp Nou y su buen gusto por el fútbol. Los azulgrana entienden que al Madrid le ha dado un ataque de barcelonitis y a los madridistas les parece que el Barça va camino de perderse como los galácticos después de darse tanta importancia. Los holandeses han dejado de jugar en el Barcelona por vez primera en los últimos diez años y se pasan al Madrid de Saviola y Schuster. El discurso del técnico es especialmente reconocible en el Camp Nou por su querencia por la pelota y el fútbol de elaboración frente al juego directo, y a Calderón le gusta alternar con Laporta. Al equipo le faltan, sin embargo, jugadores que marquen la diferencia y necesita que los goles de Van Nistelrooy disimulen de nuevo sus carencias estructurales. La lista de futbolistas que han rechazado la zamarra blanca es tan rimbombante que cualquier buen fichaje parece vulgar.

El Barça, en cambio, va servido desde junio. Escarmentado del año pasado, se ha endurecido
en defensa y ha aumentado la competitividad en ataque con seis delanteros de todos los colores: Giovani, Krkic y Messi mezclan con Ronaldinho, Eto’o y Henry. Así que su suerte dependerá de su capacidad para equilibrarse en la cancha, de la autoridad de Rijkaard para administrar tanto ego y del estatus de Deco, santo y seña del fútbol del Barcelona, para bien y para mal. No se discute la belleza del equipo sino que se pregunta por su contundencia y se pide la clausura del gimnasio como centro de recuperación.

La hinchada barcelonista está tan a la expectativa de la vuelta de sus jugadores como la madridista con la llegada de su entrenador, mientras que el punto neurálgico del Sevilla continúa siendo su secretario técnico Monchi. Van y vienen jugadores y el equipo mantiene su trazo y vigor. La incógnita del plantel andaluz está en saber si su debut en la Liga de Campeones condicionará su actuación en el campeonato español. Fiable y competitivo, el Sevilla es la mejor alternativa al bipartidismo, juntamente con el Valencia, siempre que reduzca las lesiones y las cuitas que el año pasado le llevaron a la autodestrucción.

A caballo entre unos y otros, ni tan guapo ni tan fiero y, sin embargo, resultón, anda el Zaragoza, muy mejorado con los refuerzos, mientras que resulta imposible medir la respuesta del Atlético, la institución que más ha invertido en fichajes y también la que ha liderado los traspasos de las Ligas europeas con el pase de Fernando Torres al Liverpool. Ha aumentado la inversión de los clubes a causa de los ingresos por los contratos televisivos después de unos años de decadencia. Las cifras de hoy evocan a las de 2000 cuando gobernaba Florentino y los movimientos de jugadores en las distintas plantillas superan ya los 150. El protagonismo corresponde como es costumbre a los porteros y a los defensas, y la sensación es que el dinero corre demasiado fácilmente si se atiende al nombre de los fichajes.

No hay casi equipo que no tenga un guardameta nuevo (13 fichajes), circunstancia tan sorprendente como los 30 millones pagados por el Madrid por el central Pepe, o la contratación de Ayala por parte del Zaragoza después de que el zaguero ni siquiera debutara con el Villarreal, club que le incorporó del Valencia.No es casualidad que el jugador mejor pagado en Europa sea Terry, el capitán del Chelsea, con 190.000 euros a la semana.

Los técnicos tienen tendencia a cubrirse ante las consignas de los presidentes a destaparse. Una cosa es de lo que se habla en la tribuna y otra lo que pasa en el campo. Más que nada se trata de vestir bien ante un desfile incierto si se atiende al resultado del último campeonato: el Sevilla puso el juego, el Barcelona los goles y el Madrid los puntos que le dieron la Liga.

Ramón Besa - El País

 
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