sábado, octubre 04, 2008

Entrevista Radomir Antic

Antes de empezar con el fútbol, Radomir Antic se pregunta si alguno de los comensales que nos rodea habrá reparado en la perfección del rectángulo de geranios que aparece a nuestra espalda. Probablemente sólo la camarera, rumana, lamenta el técnico.

En su opinión, la abundancia opaca el valor de las pequeñas cosas. Antic la disfruta, con residencias en España y Serbia, pero cuenta que hace un esfuerzo diario por no extraviar las cotas de su propia perspectiva: quién es, de dónde viene... Por eso, cada vez que entra en su casa de Pozuelo, en Madrid, se detiene un instante en el jardín y bendice su suerte, como en el rito de una oración. No ha olvidado la lección de humildad que le dio su madre cuando le enseñó su primera fotografía como jugador en un periódico local: "Muy bien hijo, mañana todo el pueblo irá contigo al lavabo".

Ese pueblo, de hecho, ha acompañado a Antic en cada conversación, por ácidas que sus palabras resultaran para el maniqueo pensamiento occidental sobre los Balcanes, un laberinto que, como dijo Winston Churchill, "produce más historia de la que es capaz de digerir". Ajedrecista de excelente nivel, el técnico reorganiza ahora las piezas supervivientes sobre el tablero de la selección, a la que quiere devolver el "orgullo serbio".

Lo dice sin complejos, directo, como cuando recuerda su paso por el Atlético, el Madrid o el Barcelona: "Si algo me produce satisfacción es que muchos de los jugadores lograron conmigo los mejores registros de su carrera".
–Eso suena fuerte.
–Pero cierto. Por ejemplo, ahora vemos jugar a Xavi más adelantado, pero fue una apuesta mía. Cuando se lo propuse, me dijo que los centrales preferían que él sacara la pelota y yo le contesté que ese problema me lo dejara a mi. Lo mismo pasó con Butragueño. Le ordené que no presionara la salida del balón y él, soprendido, me dijo que podía hacerlo. Yo le expliqué que para eso ya estaba Aldana. Quería a Emilio con todas sus fuerzas para que probara su recorte en el área. Creo que sólo ha sido una vez pichichi, durante mi etapa.

También Hierro marcó muchos goles cuando lo adelanté al centro del campo. A Chendo, en cambio, le dije que era muy buen lateral, pero que no hacía falta que defendiera a su rival y a Míchel por delante.

Sin dinero

Habla con humor, pero también con mucha nostalgia por las obras que no pudo concluir, porque "siempre fui a los sitios en misión de rescate". En el Madrid lo cesaron cuando era líder y en el Atlético construyó un equipo campeón con poco presupuesto, en su primera etapa, para caer al descenso en una segunda de la que tiene muchas sospechas, de los árbitros y hasta de los propios jugadores.

De su paso más reciente por un grande, el Barcelona de Joan Gaspart, lo más parecido al camarote de los hermanos Marx, guarda un recuerdo agridulce, por la certeza de que puso buenos cimientos sin confianza de nadie, sólo de los jugadores.

"No nos acompañaron los resultados, pero otras cosas se hicieron de maravilla. Consolidamos a Valdés, que había sido apartado por Van Gaal, adelantamos la posición de Xavi, cambiamos de lugar a Motta y Overmars, y Kluivert y Saviola acabaron con 13 goles cada uno. El gran problema fue que se lesionó Cocu. Si no, habríamos aspirado a ganar la Champions. Fue muy duro. Teníamos partido, pero a nadie le interesaba hablar de eso, sólo de los líos del presidente y otras cosas. Cinco meses en el Barça fueron como cinco años", explica.

Bojan necesita sentirse valorado

–¿Qué habría hecho usted con Bojan?
–Necesita cariño, continuidad y, sobre todo, sentirse valorado. No va a ser el primer talento que por falta de esas cosas no llega hasta donde puede. Tuvo algunos problemillas con el propio Guardiola el año pasado y quizá ahora los está pagando. Como entrenador, leo entre líneas.

Para Antic, al que une una buena relación con el padre de Bojan, el caso está cerrado: "Escogió España, puedo entenderlo y le deseo lo mejor, pero yo también lo pretendía para mi país, nada más". Bojan lucha por un puesto en el Barça, entre otros, con Henry, del que el entrenador serbio cuestiona su actitud: "Nunca le he visto atacar un espacio. Espera a que llegue el balón. Si viene, bien; si no, aplausos. El partido contra el Espanyol –añade– demostró que al Barcelona le falta remate".

–¿Y qué le falta a su rival, a este Atlético de las ilusiones?. Su espasmódico castellano, que tanto se atropella y tanto comunica, se toma una pausa. Antic quiere ser preciso al hablar de un club al que, además de la profesión, le une el sentimiento. Es como hacerlo de la familia. No empieza por Agüero, como todos. "Maniche le ha dado algo que no tenía, movimiento en el espacio con y sin la pelota. Pero el compromiso del equipo con el balón no es regular. A veces da la sensación de que fuera deliberado, de que el Atlético no pretende dominar, sino aprovechar determinados momentos. Es un modelo fugaz, pero respetable", dice.

De Agüero destaca que no hace nada "gratuito" en el campo: "Todos sus movimientos están orientados hacia el gol. No hace nada por hacer, como otros jugadores. Tiene mucho margen para mejorar, aunque eso es difícil cuando ya está encumbrado por todos". No quiere hacer comparaciones entre su Atlético y el actual, pero recuerda que el del doblete se edificó desde la contención del gasto: "Cuando me hice cargo había 35 futbolistas pero no había equipo. Hicimos fichajes con poco dinero, como Molina o Santi, del descendido Albacete. Luego vino Pantic. Al año siguiente, pedí a Ronaldo, que estaba en el PSV Eindhoven, y Zamorano, pero me trajeron a Esnáider".

–Pues ahora en Serbia tiene menos donde escoger.
–Pero me siento más entrenador, porque yo decido. Tenemos jugadores que no son titulares en sus equipos, como Zigic, pero las lágrimas no solucionan problemas. El serbio tuvo siempre orgullo como hombre, y eso es lo que hay que recuperar primero para la selección. Después, confianza en el campo, y eso se consigue buscando el equilibrio entre dos pases fáciles y uno difícil.

A Antic se le escapa el último, al encontrarse la cuenta pagada, algo difícil en Madrid e imposible en Belgrado, donde el entrenador siempre deja paso al anfitrión de lo que el Nobel Ivo Andric describió como "una humanidad derrotada".

Entrevista de Orfeo Suárez en El Mundo.

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