sábado, junio 19, 2010

La insoportable levedad inglesa


Incluso la indesmayable afición inglesa, esos miles de seguidores capaces de pasar los lluviosos fines de semana del invierno británico viendo partidos de fútbol del Hull City o del Bolton y sentir que están viviendo algo único e irrepetible, incluso ellos, abucheraron ayer a la selección inglesa y a Capello tras su negligente ejercicio ante Argelia. Como sería la cosa que Wayne Rooney abandonó el campo frustrado con su juego y con la reacción de su grada.

Si Capello y sus futbolistas van camino de cortar el histórico lazo afectivo del equipo con los hinchas, el asunto es serio. Lo cierto es que comprendo a los seguidores. Inglaterra casi siempre ha jugado mal en los grandes torneos. Salvo ratos de fútbol en el Mundial 86 e incluso en 1990. Siempre tuvo buenos peloteros, como Hoddle, Waddle, BarnesGascoigne, pero ninguno de ellos ofreció el nivel de sus respectivos clubes en la selección. Similar a lo que ocurre ahora con Lampard y Gerrard.

Pero jugando bien, mal o regular, los pross se comportaban en el césped como su gente en las tribunas. Ritmo, pasión, hambre a la hora de buscar el rechace de un pelotazo que ha volado cuarenta metros por encima de las cabezas de los centrocampistas. Sin demasiadas ideas pero ambiciosos, leales a una camiseta.

Hoy día, el aburrimiento de las concentraciones de Capello parece trasladarse al terreno de juego. Wenger, con hiriente ironía, decía que "Me sorprende que los hinchas pitaran, pensaba que estaban dormidos". Disparo a la diana de Capello. Es injusto responsabilizar por completo al italiano. Con McClaren ocurría igual. Incluso con Eriksson. Sin embargo, la combinación de ingleses + entrenador italiano me sigue pareciendo antinatura. Por mucho que el fútbol esté globalizado, Capello está acentuando la domesticación de la selección. Quizá el equipo no ha ganado nada (desde antes y después de 1966) ni lo vuelva a hacer jamás, pero nunca fueron uno del montón. Ayer, ni siquiera los saques de esquina iban más allá del primer palo. Sin un medio centro decente, pese a la disponibilidad de Carrick, Inglaterra no tiene fútbol. Si también prescinde de su histórica vitalidad, de la codicia, de la ingenua generosidad de lo que fue su estilo, no le queda nada. No future.

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