jueves, junio 10, 2010

Recuerdos de los Mundiales: Uno a cero, gol de Schillaci



De jugar en la Serie B italiana, de lograr debutar en la Serie A, a ser máximo goleador de una Copa del Mundo, en apenas doce meses. En ese breve período ocurrió la sorprendente historia de Salvatore ‘Toto’ Schillaci, entre 1989 y 1990.

El Mundial de aquel año se celebraba en Italia. Estadios tan hermosos como San Paolo, San Siro, el Olímpico de Roma o el San Nicola de Bari adquirían una mayor estética de fútbol de verdad al verlos en su plenitud…de color. Sí, ya no era el adormecedor blanco y negro televisivo de México 86, y la camiseta azul de Italia parecía más brillante y más amenazadora que nunca.

Azeglio Vicini era el seleccionador azzurro, y el equipo estaba definido de la mejor y más aprovechable forma posible, con el patrón que siempre ha funcionado para Italia: buenos defensas como Baresi y Maldini, mezcla de mediocampistas con De Agostini, Donadoni y Ancellotti, talento trescuartista con Giannini y Baggio, y, para terminar, gol, con Vialli y Aldo Serena. ¿Y Schillaci? ‘Totó’ había estado seis temporadas jugando en el Messina, en segunda división, sin abandonar por tanto su Sicilia natal, hasta que en un movimiento aconsejado por Dino Zoff la Juventus le fichó para iniciar el curso 89-90. Schillaci debutaba por tanto en la máxima categoría del fútbol italiano…con veinticinco años de edad.
Logró marcar quince goles. La Juve no ganó el scudetto pero sí la Coppa y la UEFA. Y su rendimiento convenció a Vicini para incluirlo en la lista del Mundial. Eso sí, sin duda sería el último delantero en la rotación. Con un Olímpico de Roma repleto y excitado, Italia debuta en su torneo ante Austria. Juega bien, pero pasan los minutos y el marcador no se nueve. Hasta que, a menos de un cuarto de hora para el final, un jugador pequeño, poco esbelto, con una incipiente alopecia y una extraña mirada, mezcla combinada de ilusión y locura, juega el primer partido de su carrera con Italia y consigue el uno a cero definitivo. Era ‘Totó’ Schillaci.

En el siguiente partido, ante Estados Unidos, Giannini marcó el único tanto pero Schillaci entró en la segunda mitad. Estaba preparándose para ser titular en el tercero y último de grupo, ante Checoslovaquia. Italia ya estaba clasificada, pero ganó dos a cero, uno de ellos de nuestro protagonista.
Comenzaba lo serio, las eliminatorias. Octavos de final ante Uruguay. Italia necesita sesenta y cinco minutos para abrir el marcador, y lo hace Schillaci. La mejor versión de Irlanda durante toda su trayectoria internacional esperaba en cuartos. Esta vez, Schillaci sólo necesitó cuarenta minutos. De nuevo, marcaba el primer gol de su equipo, el más difícil y el más importante, incalculable valor en un torneo tan fugar como el Mundial. Cuatro goles en cinco partidos de Copa del Mundo; cuatro goles y cinco partidos en su recién comenzada carrera en la selección.

Estadio San Paolo de Nápoles. Semifinales. Argentina. En la segunda casa de Maradona, el público napolitano silbó el himno argentino, provocando las lágrimas de rabia de Diego antes de iniciarse el partido. La magia, el momento de su vida, esa sensación de que todo era posible, continuaban. En el minuto diecisiete, Schillaci estaba aparentemente enredado en una jugada en banda izquierda, rodeado de defensas y lejísimos de la portería. En un buen ejercicio de habilidad, consigue sacar el balón hacia el centro, donde esperaban Gianini y Vialli. A trompicones, la jugada termina con un disparo de éste que rechaza como puede Sergio Goycoechea, hasta que Schillaci aparece por allí para enviar el balón a la red. La fiesta no pudo ser completa y el portero argentino, especialista, eliminó a los anfitriones en la tanda de penalties, enviando a Italia a un doloroso tercer y cuarto puesto ante Inglaterra en Bari, que terminó 2-1, siendo el gol definitivo un penalty muy bien tirado… sí, por Schillaci.

Aquellas calurosas semanas terminaron en un fugaz canto del cisne. El jugador sólo volvió a marcar un gol más con la selección en toda su carrera, se marchó con poco éxito al Inter de Milán y cuminó su vida futbolística en Japón. Eso sí, aquella varita mágica con la que convertía cualquier cosa en gol, ese delirio anotador en el que convirtió cada partido de aquel Mundial, ese sueño de humildad cumplido, permanecerán siempre en el recuerdo suyo y de millones de aficionados. No muchos pueden decir lo mismo.

Escrito originalmente para El Reportero Sony Ericsson

3 comentarios:

Guillermo dijo...

Un post genial. Qué recuerdos...
Eso sí, lo de "el adormecedor blanco y negro televisivo de México 86"... no sé en qué tele lo viste, pero vamos, que las Telefunken PAL color ya habían llegado a todas las casas... ;)

Daniel Cana dijo...

No te lo niego, pero cuatro años antes, en el pueblo de mis abuelos, creéme que sólo teníamos tv en blanco y negro :)

Saludos.

Rafa2torres dijo...

Hoy hemos vivido otro de esos momentos históricos del futbol. El primer gol de un mundial celebrado en africa y además ha sido marcado por un africano, felicidades ;) Por cierto, habeis visto estos videos de cardeñosa ? son muy buenos

 
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