jueves, julio 08, 2010

La pelota sigue a España hasta la final



Vicente Del Bosque tiene el libro correcto, y no lo lee en diagonal. Cada decisión que ha tomado en este Mundial, bien antes de los partidos, bien durante su transcurso, se ha revelado como acertada. Hoy, antes de toda una semifinal de la Copa del Mundo, volvió a dar con la tecla. Introdujo a Pedro como titular en lugar de Fernando Torres y España jugó sus mejores minutos del torneo.

Se esperaba que Alemania no se encerrara como los rivales precedentes y que así el partido España resultara menos agónico. Seguramente no lo hicieron de manera voluntaria, pero el caso es que a pocos minutos de iniciado el juego los alemanes quedaron agrupados en su campo y mendigando por la pelota.

La selección mantuvo su estructura habitual con la diferencia de Pedro. Villa regresó a la posición de ariete mientras el canario se movía libre detrás suyo. Su descaro e inteligente movilidad fueron indescifrables para los defensas germanos, que ni podían abandonar su zona ni recibían demasiada ayuda de sus centrocampistas. Durante casi media hora España anuló a Alemania y rozó el gol, sobre todo con intentonas de Pedro y un par de pases profundos de Xavi que por centímetros no recogió Villa.

El gol no llegó pero España, en la enésima demostración de madurez del equipo, esperó y tuvo paciencia. Ante Portugal pasaron setenta minutos para marcar, ochenta y tres frente a Paraguay. Pero el estilo y la manera de jugar no se podían abandonar tan cerca de llegar a la Ítaca sudafricana. El dominio en a segunda parte se acentuó, y Alemania sólo podía oponer los exquisitos saques de esquina de Özil.

Para sorpresa general, lo que no consiguió el juego por el césped llegó, precisamente, tras un córner. Rosca abierta de Xavi y, desde el borde del área, avanzando como si fuera la última jugada de su carrera, obviando el contacto con Piqué que buscaba la misma pelota, girando ese cuello que soporta una cabeza que hace diez años se negó a marcharse cedido a Málaga para ser un jugador del FC Barcelona, en un vuelo imparable Carles Puyol conectaba el salvoconducto de España a la entrada de la eternidad futbolística. Justo premio para un jugador de los de antes, comprometido con su profesión, un verdadero escudo humano para todos los compañeros que han compartido trinchera y vestuario con él. Un gregario de lujo cuyo rostro tras el gol, más emoción que alegría, mostró al mundo una maravillosa incredulidad del que sabe vive el momento de su vida.

La fe en un estilo, la paciencia y la serena sabiduría de un entrenador se han combinado para alumbrar a un equipo diferente a los demás, que en pleno siglo XXI recoge las esencias de este deporte, todas ellas alrededor de un balón. La actuación individual de cada uno de ellos fue irreprochable. Pueden sin duda repetirla el domingo, confirmando que el resultado suele llegar acompañado de fútbol.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

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