domingo, julio 04, 2010

A semifinales atravesando el caos


Guerra avisada no mata gente. Añadiendo el precedente de Chile, España estaba preparada. Sabía lo que se iba a encontrar con Paraguay: equipo muy físico, potente y extremadamente defensivo. Del Bosque, pretendiendo ensanchar el campo, envió de inicio a Torres por la izquierda, Iniesta por la derecha y Villa por el centro, intentando que el rival no pudiera encerrarse en torno a sus centrales y mediocentros. Sin embargo lo que se encontró España fue sí, todo eso, pero además una sorpresa: Paraguay presionaba muy arriba, adelantaba la defensa e impedía cualquier acción colectiva o individual de la selección.

Sin ganar los uno contra uno, el juego español moría siempre al borde del área paraguaya, con lo que la acción de balón largo, desde Casillas o Piqué comenzó a adquirir protagonismo. Con el mismo resultado, ninguno. Había que tener paciencia, lo sabían, pero la incomodidad sobre el césped era manifiesta.

Fernando Torres, uno de los más desafortunados en los balones divididos, ya había sido sustituido por Cesc cuando Piqué perdía la posición y agarraba en el área a Cardozo de manera tan evidente que el árbitro tuvo que pitar penalty. Un Tourmalet para España, con el fantasma de Suiza golpeando en el armario, tener que remontar a un equipo comodísimo en su papel y con el delantero centro titular camino de la ducha. Pero Casillas, previa indicación de Reina, por confesión propia, se lanzó al lado correcto y detuvo el lanzamiento. Se desataba el caos.

Con los paraguayos aún sin dar crédito, Villa le gana un desmarque a Alcaraz y le ayuda al contacto. Penalty. No lo tira el '7', tras el fallo ante Honduras. Lo hace en su lugar Xabi Alonso, que le había marcado un estupendo penal en el Calderón ante Argentina en el pasado amistoso. Gol. ¿Gol? El árbitro guatemalteco considera que algún español ha entrado en el área antes de tiempo. Mucho menos que en el que falla Cardozo. Alonso tiene que repetir y falla. Cesc recoge el rebote y es derribado por Villar, pero ya se había terminado la sesión de tiro al blanco desde los once metros.

La excitación de esos cinco minutos pareció inyectar gasolina en los futbolistas. Cesc, sin estar en su mejor versión física y anímica, y el cansancio de Paraguay ayudaban a que España encontrara por fin la rendija. Realmente, a lo que conducía la percepción del partido era, más que otra cosa, a una prórroga.

Esta vez, Del Bosque no recurrió a Llorente y apostó por Pedro, jugador con gol y templado en los finales agónicos. Y acertó. Dejó a Busquets, de nuevo impecable, solo por delante de la defensa, y los demás encontraron mejores espacios. Iniciada por Xavi, Iniesta agarró la pelota y tras un slalom para él sencillo, parecido al de Roma, dejó a Pedrito delante del portero. Era gol o gol, pero el palo repelió el balón...a pies de Villa, que necesitó golpear de nuevo en el palo (en los dos) para cantar el tanto y la victoria de España. Quedaban siete minutos y la selección se quedó la pelota mientras se apagaron.

España supera de manera definitiva con este gol de Villa y la mochila de la Eurocopa su tradición perdedora en los Mundiales. Era lo único que faltaba, y unas semifinales son una cosa muy seria. Desde 1970, todas las finales se las han repartido entre Brasil, Italia, Francia, Alemania, Holanda y Argentina. De ellos, cuatro ya van de regreso a casa desde Sudáfrica. Es la hora. El estilo sabe competir.

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