lunes, septiembre 20, 2010

Desprecio al fútbol

El fútbol es algo más que un deporte. Hoy día es un negocio gigantesco y al mismo tiempo una maquinaria que empaqueta sentimientos en una cadena de montaje y los sirve como producto listo para ser consumido de manera alegre y ociosa. Sin embargo, los altavoces mediáticos y los protagonistas continúan comportándose de manera interesada, irresponsable y casi amateur.

Los debates y reflexiones, por llamarlos de alguna manera, no se sitúan con perspectiva o al medio plazo. Sólo estallan cuando hechos concretos los traen a la actualidad. Uno de ellos es el recurrente reclamo de protección a los artistas del balón. Cuando Diawara, defensor del Marsella, caza la temporada pasada a Cristiano Ronaldo en el tobillo y le condena a meses de precaución y riesgo de recaídas constantes. Por supuesto, hoy, tras la infame entrada de Ujfalusi a Messi, que con suerte le dejará menos de un mes en la enfermería pero que pudo fracturarle fácilmente la articulación.

La tan cacareada protección sólo se invoca cuando interesa, según los colores y las camisetas a las que afecte.  Que jugadas como los pisotones sin balón de David Navarro o las groseras agresiones de Weligton en Málaga el año pasado quedaran sin castigo y sólo sirvieran para atizar discusiones partidistas y carentes de objetivos deportivos dice muy poco a favor de nuestro fútbol. Utilizamos el caso de Messi pero es válido cualquier otro ejemplo y con la camiseta que defienda el lector. Los hay a decenas.

Tendemos a culpar a los árbitros de la violencia. Yo me pregunto: ¿qué podía hacer esta tarde Fernández Borbalán para evitar que Ujfalusi perdiera por un momento su clondición de deportista? El partido se jugó bajo un ambiente eléctrico y apasionado, la afición del Atlético jugó su papel con un punto de exageración hacia el papel del colegiado, pero dentro de la normalidad. Un buen árbitro puede cortar o limitar con tarjetas un partido que se descontrola y pasa de competitivo a violento, de leal a mezquino. Pero nada más.

Los futbolistas, una gran mayoría al menos, se han contagiado del "aquí vale todo", del "ganar de cualquier manera" y de esa frase tan estúpida y tristemente célebre del "el fútbol es para pillos"; piscinazos, protestas, agarrones impunes en las áreas, todo ello lejos de la visión de los dos ojos del pobre árbitro. Y por supuesto patadas. Afortunadamente no ocurre todos los días, pero sí más de lo deseable. Ujfalusi demostró hoy no ser leal ni digno con un compañero de profesión al que no fue a disputar la pelota. Juande Ramos no se comportó como un profesional de su deporte ordenando a sus jugadores que se turnaran para atacar los tobillos de Messi para evitar expulsiones en el clásico de hace dos temporadas.

Mientras en Inglaterra se aplaude a los jugadores rivales cuando salen lesionados en camilla, en España se les desea que se mueran. Algún medio frivoliza en polémicas parecidas con términos desafortunados y de mal gusto. Mourinho habló de hostias como si fuera de boxeo y el tiempo le da la razón. Despreciamos nuestro deporte y lo condenamos al descrédito constante. Los primeros, los propios futbolistas, tan sumergidos en su propio individualismo que olvidan que su deporte (y su estupenda y merecidamente retribuida profesión) es un juego de equipo. De dos equipos, concretamente. Como el rugby, ¿les suena?

1 comentarios:

Chus dijo...

En esta época de crisis, podríamos ahorrarnos los sobresueldos de los personajes del comité de disciplina, y establecer que las rojas por juego violento sean castigadas con un periodo de tiempo igual que el periodo de lesión del rival.

Clama al cielo que Messi no vuelva hasta finales de octubre, y Ujfalusi seguramente esté jugando dentro de 7 días...

 
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