domingo, septiembre 12, 2010

Guardiola y los pasillos interiores


Ni el césped del Camp Nou, ni el desgaste físico ocasionado por la extraña y deficiente pretemporada que obligará a rotaciones y a diferencias de preparación en la plantilla antes casi de que haya empezado la competición. Guardiola sabe mejor que nadie que su equipo jugó fatal ante el Hércules y que eso fue el motivo principal de la derrota. No sucedió en el estupendo partido de Supercopa ante el Sevilla. El ritmo lento y confiado del FC Barcelona se convirtió en nerviosismo tras el primer gol de Valdez, en angustia tras comprobar que no era el día y que el buen arranque tras el descanso no se traducía en el empate, para terminar en absoluta impotencia la media hora final que siguió al 0-2.

La imagen del colectivo azulgrana recordó, aun sin tanto dramatismo, al partido ante el Inter de Milán; algo de eso había, como reconocieron Trezeguet y Esteban Vigo en zona de prensa tras el choque. Nada de "intentar discutirle el balón al Barça", como había anunciado el ex jugador azulgrana en la víspera. El Hércules se vistió de italiano pero sí se desplegó con sentido en ataque, dirigido y apoyado en Valdez, que ofreció un recital de cómo aguantar la pelota mientras el equipo avanza y llega. No se le puede reprochar nada a un conjunto recién ascendido, apenas cometieron faltas y actuaron como tantos y tantos equipos en el Camp Nou. Sin embargo, sorprendieron.

El Barcelona no lo esperaba, o al menos pareció frustrado, más bien perezoso: aburrido para construir y remiso a la hora de bajar a defender. Si al primer intento de presión no se recuperaba el balón, las defensa de las contras del Hércules ya quedaba como responsabilidad única de los zagueros. Pese a jugar de manera tímida, Mascherano recibió tarjeta muy rápido, y Keita tuvo que hacer el papel del mediocentro en la segunda mitad. Ni Touré, ni Cesc, ni el jefecito, ni Busquets.

En ataque el funcionamiento fue aún peor. Los de perfil defensivo no mezclaron, e Iniesta no jugó ni en las posiciones de '6' o de '8', sino por el centro, como una especie de mediapunta que no salió bien. Quizá a eso se refería Guardiola cuando habló en la sala de prensa de "cosas" tácticas a revisar y de que no habían sido capaces de encontrar los pasillos interiores.

Abrir el campo con extremos para generar espacios y permitir las llegadas de los interiores. Ese es uno de los fundamentos de la ideología cruyffista que Guardiola abraza sin dudar y que ayer no apareció, coincidiendo claro con la ausencia de Xavi y la desnaturalización de la alineación. Cruyff, en sus primeros tiempos en el banquillo, situaba a Beguiristáin y Stoichkov en la cal, mientras que Laudrup, Bakero y los mediocampistas entraban y salían del área a su antojo. Cinco años más tarde, la calidad individual de Romario y el agotamiento de algunos jugadores le hizo cambiar de opinión y jugar con delantero centro estático; funcionó una temporada pero (junto con otros factores, por supuesto) supuso el inicio del final del dream team.

Guardiola posiblemente mantiene una ambivalencia al respecto: sabe que con Xavi, Iniesta, Messi e incluso Villa, está casi obligado a recuperar aquella idea. La salida de Ibrahimovic está muy relacionada con eso. Pero, al mismo tiempo, Pep gusta de delanteros altos y capaces de aguantar el balón y repartir juego de cara para los centrocampistas, como Kluivert, como Peter Crouch como escribió en 2006 y, claro, como Ibra, por eso le fichó. "Ten delanteros que no se asocien con los demás, ten delanteros que piensen que su partido es diferente al de los demás y tendrás un equipo largo, largo, largo". Esta frase de hace cuatro años adquiere plena relevancia y vigencia hoy día.

Tito Vilanova, la mano derecha de Guardiola, declaraba en una jugosa entrevista a El Periódico que "El Barça juega al revés que los demás". Es una realidad, pero al mismo tiempo supone una exigencia enorme para dar resultado. Si al primer rival que ofrece resistencia, los futbolistas se entregan a la ansiedad, resultará imposible.

Lectura interesante: "El baile de disfraces", Ricard Torquemada en El Mundo Deportivo

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