jueves, mayo 26, 2011

Barça: el viaje continúa



La primera fue hace exactamente 19 años. El Barça de Cruyff acudía a Wembley 92 con un título de Liga bien ganado la temporada anterior, el primero en seis años, pero con pocas opciones para revalidarlo. El Real Madrid era el líder y el presidente  José Luis Núñez había anunciado entre lágrimas que se marchaba del club pocos días antes de la final. Puro entorno barcelonista.

Sin embargo, también surgían detalles, hechos empeñados en superar el tradicional fatalismo culé en las grandes citas con la Copa de Europa. El gol de Bakero en Kaiserlautern, la confianza de un joven Guardiola y de Zubizarreta discutiendo el día anterior sobre el número de los escalones a subir para alcanzar la pasarela del palco de Wembley. El disparo de Koeman no proporcionó únicamente el deseado título continental; tras él, tres victorias apabullantes ante Valladolid, Espanyol y Ahtletic, con el Madrid finalmente abatido más por el juego que por los propios resultados, y la segunda Liga consecutiva. Vendrían dos más. El Barça ya tenía exámenes aprobados, pero durante aquellos días  presentó al mundo su brillante doctorado.

La segunda gran noche se demoró catorce años. Casi tres lustros de intentos infructuosos, con episodios como el CSKA Moscú, Atenas, las semifinales contra Valencia o Real Madrid, el gol de Zalayeta. París 2006. El grupo de Rijkaard, ya ensamblado tras tres cursos de proyecto en común, con Ronaldinho al mando y con terribles batallas superadas ante Chelsea y Milan. Aquel equipo ya era también el de Xavi, Iniesta y Messi, pero por distintos motivos ninguno de los tres fue titular. Edmilson, Deco y Van Bommel formaron el mediocampo inicial. Valdés conteniendo a Henry, el propio Andrés toda la segunda mitad, Larsson, Eto'o, el pie derecho de Belletti y acto seguido sus manos cubriendo la cara de lágrimas, emoción y lluvia. Puyol levantando la Copa.

No hubo que esperar tanto para la tercera cita. Dos años perdidos en el dolce fa niente, regenerados de golpe por la ilusión contagiosa del niño recogepelotas, del antiguo '4' del Barcelona Atlétic, del chaval casi imprudente que saltó a Wembley con una camiseta naranja y el número 10 a la espalda y llevó durante años el brazalete de capitá, ahora debutante en el banquillo pero ya con Liga y Copa en la mochila. Roma 2009. Durante bastantes minutos el Barça estuvo derrotado en Stamford Bridge, incapaz de empatar el gol de Essien, impotente siquiera para chutar a puerta. Un centro perdido de Alves, un mal control, Iniesta, el éxtasis. Samuel Eto'o ya no continuaría, pero culminó su última temporada como azulgrana abriendo el marcador (otra vez) cuando Cristiano Ronaldo y el Manchester United asustaban a un Barça aún aturdido por los gritos de Gladiator. Ni Alves ni Abidal pudieron jugar. Yayá Touré otro partido sacrificando su potencial como central. Iniesta y Henry entre algodones. De nuevo limitaciones, pero esta vez Messi y Xavi no iban a esperar ni a perdérselo. La Tercera y el Triplete. El eco de la gloria romana llegó meses más tarde al nuevo Oriente, a Abu Dabi, al llanto feliz de ganarlo todo con una voz propia, al final del primer recorrido por el circulo virtuoso.

El sábado el nuevo Wembley recibirá a un Barça moderno, orgulloso y desacomplejado. Hace tiempo que no tiene nada que demostrar. Los discursos ya no se improvisan. Compite como si no hubiera mañana, pero no impulsado por deudas históricas ni cuentas pendientes. El prestigio y la victoria como consecuencia, no como único fin. La promesa cumplida tras la ceniza hacia Madrid el año pasado. Lo mejor de una Final es saber que posiblemente no será la última.

Vídeo de Willy Peters, Barca TV
 
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