domingo, mayo 29, 2011

Una exhibición de dos décadas


Termina el partido. Mientras Sergio Busquets se queda con el último balón lanzado al aire por Van der Sar y Xavi se abraza con Messi, Alex Ferguson, rosa roja en la solapa, se acerca a Guardiola, que ya iba de camino, para felicitarle. El entrenador escocés había pasado los últimos veinte minutos sentado en el banquillo resignado, tristemente tranquilo, sabedor de que no había nada que hacer. Al dar la mano a Guardiola, Sir Alex golpea en la espalda a su colega y le hace un leve gesto ladeando la cabeza, cuya traducción al lenguaje oral se supo un poco más tarde en la rueda de prensa: "En todos mis años como técnico, nadie nos había dado un repaso como este".

Así fue. El Manchester United quiso comportarse como lo que es, el campeón inglés, tres veces finalista de Liga de Campeones en las últimas cuatro temporadas, constante presencia en las semifinales de la competiciòn europea en el último lustro. Ferguson no incluyó finalmente a Fletcher en el once inicial y además apostó por Chicharito en punta con Rooney por detrás y Giggs en el medio campo. Como en Roma, el inicio del equipo británico fue intimidador, agresivo, creando dudas en la defensa azulgrana, sin Puyol, y obligando a Valdés a intervenir. Pero igual que en 2009, duró diez minutos. Solo Park fue capaz de incomodar al torrente futbolístico que desataron Busquets, Xavi, Iniesta y Messi hasta el minuto 70 en el que Villa sentenció la final. Puede que el United se quedara a medias, sin apostar ni por la presión adelantada ni por el cerrojo defensivo. Pero desde que Guardiola hace tres años envió a Messi de la banda derecha hacia el todocampo, en muy pocas ocasiones un equipo rival en un partido clave ha logrado librarse de esa tormenta perfecta que es el fútbol del Barça.

El balón voló en el césped húmedo de Wembley. Para los que dudábamos sobre el estado de forma y la gestión de Guardiola de los últimos partidos del curso, el equipo se presentó en Londres en perfecta armonía. El de noviembre. Una sucesión de toques, a veces de lado a lado, a veces en apenas imperceptibles apoyos cercanos, casi en centímetros, pero que lograron su triple objetivo: crear peligro, defender con el balón y desesperar al rival. El guión fue el del Olímpico romano, la ejecución mejor, impecable, insultante, histórica. Messi ocupó cuarenta metros de espacio; cerca del área para acelerar y desequilibrar, flotando sobre la línea divisoria para tocar y dar ritmo al balón. En el segundo gol, los Tres, Xavi, Andrés, Leo. En línea, mirándose y pasándose el balón. Iniesta a Messi, arrancada, gol. Todo el mundo lo sabe, nadie es capaz de detenerlo. Park había regresado del vestuario tras el descanso con la idea de perseguir a Xavi. Lo intentó, pero le quedaron dos. Carrick solo pudo acompañar y a Ferdinand y Vidic, hundidos, derrotados, retrasados en el área sin remisión, solo les quedó contemplar el gol ante un mal colocado Van der Sar. Era el 2-1. A la magnífica definición de Pedro que inauguró el marcador tras un regalo de Xavi, imperial toda la noche, mal que bien pudieron responder. A este gol no. El United capituló convencido de su inferioridad.

El tan agradecido estilo del Barça necesita de buenos futbolistas, de un genio como Messi, pero también de una necesario implicación y de un enorme esfuerzo colectivo. Si no me creen, ahí tienen el (cercano) bienio negro 2006-2008 para recordarlo. La posesión, el pase, los triángulos, las asistencias...necesitan de solidaridad, de integración de un vestuario con solidez de cemento armado. Cuando Villa fulmina la final con su gol, el mejor jugador del mundo, más de cincuenta goles este año y todos los títulos individuales posibles se arrodilla, emocionado, con los brazos en alto. Sabe que se ha terminado, que lo ha bordado, pero que sin el resto de sus compañeros sería imposible. Guardiola reconoció al final que "la calidad humana de este vestuario es imprescindible, el que se sale está fuera del equipo", mientras dejaba caer la necesidad de que el club cuide y facilite a Messi todo lo necesario. Antes, Carles Puyol había atado el brazalete de capitán al brazo izquierdo de Abidal para que éste levantara la Cuarta en el palco de Wembley. Perfecta alegoría de la grandeza de un equipo inolvidable. Sí, el viaje continúa. Disfruten.

1 comentarios:

César Fuster dijo...

Blog que habla sobre la brillante victoria del Barça: http://labellezadelftbol.blogspot.com/

 
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