martes, junio 21, 2011

La desamortización de Rosell


El FC Barcelona está a punto de cerrar la temporada 2010-2011 con quince títulos obtenidos entre el fútbol y el resto de secciones profesionales, igualando su récord histórico y pendiente de si el fútbol sala el próximo domingo conquista por primera vez la Liga nacional. Semejante balance deportivo, unido al respaldo electoral de los 35021 socios que le votaron en las pasadas elecciones, junto con el apoyo que recibió en la Asamblea General del pasado mes de octubre, deberían suponer un plácido y triunfal primer año de mandato para Sandro Rosell

Sin embargo, no parece la popularidad del presidente en su cota más alta. Las dudas sobre la habilidad comunicativa de Rosell siempre han estado sobre la mesa, más aún cuando son públicamente reconocidas por el propio interesado. Mal asunto para dirigir un club en el que las formas son tan importantes como el fondo y donde la presión mediática y el microscopio diseccionador del entorno están siempre presentes.

Rosell se autoimpuso hablar poco, quizá para contraponerse a la verborrea de Laporta, pero el objetivo de serenidad pretendido no se ha logrado. La temporada ha sido infernal desde el punto de vista institucional, con los episodios de Pamplona, la acusación de dopaje o la serie contra el Real Madrid; Rosell siempre fue a rebufo de los acontecimientos y, ni siquiera con la perspectiva que aporta actuar a hechos consumados, fue capaz de pulsar la tecla correcta. Tampoco el portavoz de su Junta, Toni Freixa, ni el Vicepresidente económico, Javier Faus, le han ayudado en demasía.

Con toda la basura que llegó del exterior, alguno de los peores incendios, como es tradición, tuvieron lugar dentro de casa. Asuntos internos de interés real para el socio preocupado por el día a día del club. La símbólica devolución de Johan Cruyff de la insignia concedida como Presidente de Honor, los recientes recortes anunciados en las secciones, la poca flexibilidad en el aspecto social cerrando el cupo para nuevos socios con argumentos discutibles al tiempo que se propone una Grada Jove en el que el requisito de pertenencia al club no es imprescindible...

En la última aparición pública, entrevista de Xavier Bosch para el programa Ágora de TV3, el presidente azulgrana volvió a mostrarse tenso e incómodo; cierto es que hablar en público no es fácil para algunas personas, se impone comprensión. Lo que ya es más difícil de asumir es que un exitoso empresario y orgulloso alumno de ESADE deje dos comentarios como los siguientes (obviaré por ridículo y populista el dato de las fotocopias a color en un club de 500 millones de presupuesto):

1. "Si los socios nos pidieran que quitemos la publicidad de Qatar se quitaría"; bonito brindis al sol del presidente cuando tiene firmado un contrato con Qatar Foundation de cinco años de duración y un montante de 150 millones €. Por cierto, es indigno, y lamento el término, del presidente de un club históricamente comprometido como el FC Barcelona, expresarse con esta ligereza: "Estoy tranquilo. Qatar ses un país en desarrollo y yo he visto a sus gente muy tranquila y feliz por la calle". Lectura obligatoria, sr. Rosell, informe de 2010 de Amnistía Internacional. Al menos ya admitió, no como en diciembre, que Qatar es una monarquía absolutista.

2. "Nosotros no volveremos a repetir la oferta de 40 millones por Cesc porque con las amortizaciones vale menos"; básicamente una amortización es, o bien el pago periódico y gradual de una deuda contraída, o bien la pérdida de valor de un activo debida a la depreciación física por el paso del tiempo, por exceso de uso o por obsolescencia. ¿Está diciendo a los socios del FCB que está interesado en fichar un jugador que es peor que el año pasado, porque es más viejo o es ineficaz de cara al objetivo de su posible contratación, en este caso futbolístico? Porque el Arsenal no tiene ninguna deuda y hace años que tiene al jugador amortizado. ¿Messi o Piqué, quintos de Cesc también sufren esa pérdida de valor?

Son lógicas y habituales, en cualquier negociación y más en las tramposas de los fichajes de fútbol, la propaganda, la presión a la otra parte contratante y las maniobras para distraer la atención y reducir el precio final. Pero, honestamente, chirrían términos tan mal explicados y repletos de inexactitudes como los reseñados. Uno de los pilares de la campaña de Rosell fue la transparencia. Muy necesaria y de agradecer. Pero si la expresión cotidiana del club no es clara, limpia, sencilla y veraz, el propósito se queda en nada. Rosell y sus asesores deben hacer un esfuerzo para la próxima temporada. Si no, quien verdaderamente sufrirá una desamortización, pero de capital humano barcelonista, será él. Guardiola no estará siempre.

Ramón Besa, en El País: 'Rosell, integración o contrarreforma' y 'El marrón de Rosell'
Rut Vilar en Público 'Dos copas y varios borrones'
Sergi Pàmies en La Vanguardia 'Entre la confianza y la incomprensión'

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