martes, septiembre 13, 2011

El Barça no completa el libreto


Al igual que en los estrenos teatrales, el de la Champions League en el Camp Nou vino acompañado de los desajustes propios del inicio de temporada. Pero nadie esperaba que en apenas medio minuto uno de los tenores principales ya exhibiera su número estrella. Alexandre Pato, mientras el “triángulo ofensivo” que formaron de nuevo Keita, Busquets y Mascherano casi posaban para los fotográfos, se plantó ante Valdés para marcar el 0-1. Tuvo alguna situación similar adicional mientras el Barça permanecía en la lona, sorprendido de que el juego del Milan fuese tan directo y dañino, lejos de esa imagen de equipo de medio tiempo que arrastran.

El tembleque de los de atrás infectó de inseguridad al resto, y durante media hora el Barça resultó irreconocible. Solo Messi, vestido de Ronaldo Nazario ante el Valencia, rescató con una jugada de talento pero, sobre todo, repleta de fe hambrienta, un balón para el empate de Pedro.

El segundo acto, con el guión repasado y mejor asimilado, el Barça se reencontró consigo mismo. Abidal y Mascherano recuperaban más rápido el balón en los tímidos ataques del Milan y empujaban como émbolos el medio campo hacia el área visitante. Busquets, retratado al igual que en Donosti en el gol, avanzó su posición para colaborar en la creación de juego y confirmar que no puede jugar de central, al menos ante rivales de la élite europea, y que el engranaje agradece su primer pase.

Sin embargo, y pese a los muy buenos minutos tras el gol de Villa, cuando el Barça apabulló al Milan ya liberado tras remontar el marcador, no logró sentenciar el resultado del todo. El equipo de Guardiola es de los pocos que ataca igual independientemente del marcador. Es injusto dada la valentía que supone tal virtud, pero si no lo hace, entran dudas y problemas. Como en Anoeta. Como este martes.
El Milan rubricó con ese córner postrero una actuación decepcionante pero al tiempo no saldrá tan mal parado en las crónicas. Goles en el primer y último minuto, y un muy recuperado Nesta barriendo sin parar. De tan tópico que fue, ni mucha gente en la grada se sorprendió al intuir que ese saque de Seedorf iba muy bien tirado. Puro teatro clásico.

El fútbol del Barça todavía va conectado a corriente alterna. Todas las baterías se emplearon en las Supercopas y en la puesta de largo liguera ante el Villarreal, y el parón UEFA obliga a volver a empezar. El juego está presente, pero su continuidad es directamente proporcional al peligro que le permite crear al adversario y por tanto a la incidencia que pueda tener quién juega de central y quién de mediocentro. Esa presión que destacaba Paolo Maldini en la previa como distintivo del éxito azulgrana y que permite el brillo con el balón. Todos son conscientes.
 
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