viernes, junio 13, 2014

Sospechar mucho, saber poco


Los viajes son estresantes. Ya sean por motivos de ocio o profesionales, para alguien que vive a un par de berrinches de abandonarse a un trastorno obsesivo-compulsivo, es imprescindible documentarse un poco antes de coger un avión. Yo lo hice antes de volar a Sao Paulo, el año pasado. Y aparte de las precauciones de seguridad, era bastante fácil averiguar que el tráfico en la ciudad es imposible y que los desplazamientos desde el aeropuerto internacional Governador André Franco Montoro, el más conocido como Guarulhos, requieren de paciencia por arrobas y, concretando, de un par de horas disponibles.

Por eso me han resultado tan sorprendentes las reacciones de muchos enviados especiales al Mundial al comprobarlo. Al filo de la noticia. Si ya lo era, imaginen en vísperas del campeonato y del debut de la selección anfitriona. Llegó el día y Croacia no apostó por llevar la congestión al estilo de las autopistas paulistas al césped. Tampoco por utilizar los gases lacrimógenos o las (ojalá futbolísticas) pelotas de goma con las que la Tropa de Choque de la Policía Militarizada dispersó casi antes de su comienzo el intento de manifestación que se dirigía hacia el Arena Corinthians.

Dos periodistas de CNN fueron agraciadas con la sutileza policial y heridas mientras cubrían la protesta. Seguramente ellas sí sabían que algo iba a pasar y conocían el riesgo. Scolari en cambio apenas acertó a prever que Dani Alves ha perdido el timing cuando sube la banda y que el sentido común del trío Kovacic, Modric y Rakitic pondría en dificultades a su ¿férrea? estructura de mediocampo.

No parece que de fútbol, pero como de motivación sí van sobrados, el orgullo local y la habilidad de Neymar Jr. para descolgarse de Hulk y ocupar el espacio entre pivotes y centrales croatas bastaron a Brasil para remontar. A falta de más continuidad de Oscar, es lo mejor que tienen, de largo, mientras la gente se pregunta en qué otras épocas de la selección hubieran podido ser titulares Hulk o Fred. ¿El árbitro? Eso sí que lo sabía todo el mundo antes de llegar a Sao Paulo, ¿verdad? Al próximo partido habrá que anticiparse e informar al aficionado sobre cómo ocurrirá el robo arbitral para poder estar más atentos. Igual simplemente fue cosa de Dios, al menos es a quien pareció señalar Fred. Hace un par de meses el jugador fue zarandeado en su vehículo al salir de un entrenamiento del Fluminense, su equipo, en Laranjeiras, Río de Janeiro, por los malos resultados. El jugador dijo que nunca más iba a dedicar un gol a los ultras. Mejor a Dios, que mientras va con nosotros no va con el rival.
   
 
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