lunes, noviembre 03, 2014

El Barça de las conducciones


El fútbol es caprichoso. Pero también es exigente. A veces no se conforma con un montón de oportunidades de gol para conceder una victoria y tres puntos. El Barça frente al Real Celta el sábado, pese a merecerlo por ruido y cantidad de ocasiones, se quedó a cero en partido liguero en el Camp Nou tras más de tres años y cincuenta partidos, precisamente el día en que debutaban juntos Suárez, Neymar y Messi. Es irónico, probablemente, injusto pero al mismo tiempo existen motivos para explicarlo y no quedarse en aquello de el balón no quiso entrar.

El equipo azulgrana, quizá cansado de sí mismo, aburrido de tenerse que mirar en el espejo y ofrecer siempre una impecable factura al mundo, pretende ahorrar en el camino. No en el esfuerzo. Tampoco se ha reparado en gastos. Pero desde luego sí en la concepción del juego y en el papel preponderante de los centrocampistas. Los laterales arriba y los delanteros empotrados por dentro a inventar. Insuficiente.

De los tres titulares en el mediocampo, Busquets (ver foto) continúa con su via crucis en solitario por la pradera, y la pareja RakiticRafinha se fajó sin éxito y sin balón. Rafinha lo tuvo algo más, pero siempre en forma de conducción, lo que en mayor o menor medida desconecta al resto y reduce el ritmo. Igualmente conducían los laterales, con menor sentido colectivo aún. También Neymar. Y cuando no era así, la pelota directamente desde los defensores, con el pie poco sutil de Mascherano y Mathieu, hacia los delanteros, que recibían siempre de espaldas. Solo Messi, obligado a retroceder hasta lugares inconcebibles para el mayor depredador goleador del fútbol en décadas, lograba jugar de cara, pero igualmente acarreando demasiado el balón y cada vez con menos alternativas, convirtiendo sus habituales arrancadas en rutinarias. No hay asistencia sin pasador pero tampoco sin desmarque.

La falta de juego de posición, en el Barça actual, y de momento juegue quien juegue, afecta al ataque pero también a la defensa. Ni siquiera cumplido un periodo completo, en el minuto 40 de la primera mitad, una jugada ofensiva mal finalizada dejó a los tres delanteros descolgados. Pero también a Rafinha y Rakitic, quienes pese a que la contra del Real Celta no fue excesivamente rápida, en ningún momento consiguieron intervenir en el repliegue. Esta de interior es una posición muy exigida por Luis Enrique, pero a esas alturas de partido es demasiado pronto para una fractura tan evidente. Como casi siempre, no es, o no solo, cuestión física.

Los mediocampistas del Barcelona se empequeñecen pero no por el tamaño, sino por la ausencia de balón. Luis Enrique proclama en las ruedas de prensa que su equipo quiere el control y dominar el juego, pero sus decisiones no lo confirman. Control de balón pero sin el balón, porque el porcentaje de posesión no asegura precisión en las zonas calientes del terreno rival ni tampoco intención de generar superioridades con él. Las posesiones son más cortas y apresuradas.

La abundancia de rotaciones puede que esté generando competencia interna en la plantilla pero impide cualquier tipo de automatismo. Nada tiene que ver Piqué con Mathieu ni Xavi con Rakitic. El sábado, por primera vez en tres meses, el entrenador dio orden de ensanchar el campo al grito de "¡Abrios!", intentando así evitar la derrota. Solo Pedro intentó de alguna manera el uno contra uno, entre el escepticismo general por la falta de costumbre. El brillo de los tres puntas, sin que sean directamente responsables, está cegando la lucidez del resto.

Fotos: Blog En Un Momento Dado y texto en Ara de Natalia Arroyo

1 comentarios:

Jesús Esteve Yagüe dijo...

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